La Biblia dice en Santiago 5:1-3

!Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán. 2 Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polilla. 3 Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días postreros.

Introducción

Santiago es un profeta social que denuncia uno de los grandes males de todos los tiempos: la insensibilidad de los ricos que solo viven para acumular y acumular bienes, riquezas, tesoros y todo cuanto tenga valor sin pensar un momento que tarde o temprano esas mismas riquezas los condenarán.

Son palabras durísimas dirigidas a los creyentes ricos de la iglesia del primer siglo, no a los acaudalados del mundo o fuera de la iglesia, sino a quienes diciendo que profesan unas creencias basadas en el amor al prójimo viven como si la existencia humana solo se tratara de hacer dinero de día y de noche.

El autor de la carta quiere ponerle un freno a su codicia. La codicia es el deseo desenfrenado por poseer más y más bienes sin importar cómo se obtienen, ya sea mediante robos o fraudes o incluso mediante la muerte de seres inocentes con tal de hacerse de dinero y más dinero.

Muchos han querido decir con esto que Dios odia la riqueza y eso no es cierto. Si Dios tuviera algún problema con las riquezas no habría enriquecido a los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob y al propio Job y muchos otros. Entonces ¿por qué esta sección de la Biblia hace estas fuertes declaraciones?

La razón es sencilla: las riquezas de las que habla Santiago son riquezas con un origen ilícito. Esta clase de riquezas o bienes son, además, venerados y han llegado a ocupar el lugar que sólo a Dios le corresponde. Esa es la razón por la que Santiago es particularmente duro con ellos.

Las riquezas son extremadamente útiles cuando con ellas se sirve al Señor porque se convierten en medios de compasión, formas de ayudar al prójimo y también maneras de acudir en auxilio de quienes sufren alguna situación catastrófica.

Una fe práctica para una vida práctica

Pone freno a la codicia

A. Porque trae miseria
B. Porque arruina los bienes
C. Porque acumula bienes sin sentido

La codicia es un mal que hace que las personas se dediquen exclusivamente a vivir para hacer dinero. El dinero en sus vidas deja de ser un medio para subsistir para convertirse en un fin, es decir se vuelve su razón de ser y existir. Para ellos no hay otro motivo para estar en esta tierra.

Esto es un problema grave para quienes viven así porque el dinero es todo para ellos y no les importa pasar sobre quién tengan que pasar con tal de obtener riquezas, aún sobre su misma dignidad. Olvidan que tarde o temprano descubrirán el engaño de las riquezas, porque en realidad son un gran espejismo.

A. Porque trae miseria

El verso uno de nuestro estudio dice de la siguiente manera:

Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán.

Para entender un poco más las razones de Santiago para este durísmo discurso contra los ricos debemos recordar lo que pasó en Jerusalén inmediatamente después de que el Espíritu Santo llegó a la iglesia el día de Pentecostés. Muchos creyentes vendían sus bienes y traían el dinero obtenido a la iglesia.

Fue un mover impresionante porque muchos se despojaron de sus riquezas para ponerlas al servicio de la iglesia. Esa actitud contrastó con la clase de creyentes que teniendo tal vez mucho más que los que traían sus terrenos a la congregación de Jerusalén, se negaron a dar algo para el Señor.

La fecha en que se escribió la carta de Santiago fue entre el año cuarenta y cincuenta después de Cristo. Unos veinte años antes de que Jerusalén fuera destruida por el general romano Tito Flavio, quien destruyó Jerusalén y obligó a miles de judíos a salir de su tierra dejando todos sus bienes.

La frase “llorad y aullad” algunas versiones la traducen como “lloren gritando” por las miserias que vendrán. Muy probablemente a eso se refería Santiago. Los ricos perderían todos sus bienes y les vendrían miserias.

Es bien sabido que cuando los romanos atacaron la ciudad despojaron a todos de sus riquezas. Incluso el templo de Jerusalén fue saqueado y las estelas en el arco del triunfo de Roma revela la manera en que convirtieron los utencilios sagrados en simple botín.

B. Porque arruina los bienes

El verso dos de nuestro estudio dice de la siguiente manera:

Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polilla.

Definitivamente Dios mira de manera distinta las riquezas de los potentados en comparación con nosotros. Las riquezas de los codiciosos el Señor las considera podridas, mientras que nosotros suspiramos por ellas y a veces hasta nos quejamos con Dios por tener aunque sea un poquito más.

Parece una contradicción que las riquezas estén podridas, si los bienes son lo que mejor se cuida, pero ante Dios aquellos tesoros que nacen del dolor y sufrimiento de otros tiene esa condición. Evidentemente está hablando desde una perspectiva moral.

La frase referente a sus ropas es todavía más contundente y reveladora porque los ricos cuidaban mucho su apariencia. ¿Por qué, entonces, les dice eso Santiago? Se los dice porque el codicioso no tiene nada bueno en sí. Lo más cuidado para él, en realidad es lo más sucio delante del Señor.

C. Porque acumula bienes sin sentido

El verso tres de nuestro estudio dice de la siguiente forma:

Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días postreros.

La putrefacción de las riqueza mal habidas se ejemplifica con el moho. El moho es un tipo de hongo microscopio que se produce en la humedad. Santiago lo utiliza para decir que las riquezas se descomponen y se convierte en un testigo contra todos aquellos que codician los bienes.

Ese testimonio servirá para condenarlos porque sufrirán un severo castigo como quien es quemado o colocado en una hoguera para sufrir una pena de acuerdo a los males que cometió. El problema del codicioso es que acumula sin saber que será de su dinero y que será de él en el futuro.

El futuro es tan incierto que asegurarlo con riquezas es en realidad algo inútil porque las riquezas se pueden ir en el momento que menos se piensa tal y como les ocurrió a los judíos del primer siglo cuando Jerusalén fue destruida.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

Deja tu comentario