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lunes, junio 21, 2021
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Una fe práctica para una vida práctica previene una religión vacía

La Biblia dice en Santiago 1:26-27

Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana. 27 La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo.

Introducción

En estos dos versos se usan tres veces la palabra religioso y religión. En todo el Nuevo Testamento solo se utilizan cinco veces. Se menciona también en Hechos 26:5 y Colosenses 2:18. Aquí en lugar de religión se traduce como “culto”. Solo en esos pasajes se menciona. En todo el resto del Nuevo Testamento no vuelve a aparecer.

La palabra procede de la raíz griega “thréskeia” que literalmente significa “culto externo” que se manifiesta o consiste en ceremonias externas. El hecho de que sea Santiago quien la utilice en tres ocasiones en su epístola significa claramente que quiere dejar en claro la clase de culto o adoración que espera Dios de quienes practican una fe o creencia en el Señor.

En el mundo hay muchas religiones. Desde siempre el hombre ha sido religioso. Las culturas antiguas son el mejor ejemplo de esta verdad. Ningún pueblo de antaño fue ateo. Todas las grandes civilizaciones tuvieron dioses, le adjudicaron divinidad al sol, a la noche, a la lluvia, a la guerra. Fueron politeístas que adoraron animales y fenómenos naturales.

En ese sentido el hombre es religioso por naturaleza y Santiago desea fervientemente que la gloriosa fe en Jesucristo no se convierta en una más de las religiones que existen en el mundo y por eso hace tres cosas en estos versos, en primer lugar nos previene de la religiosidad sin buenas obras.

Un árbol bueno no pude dar malos frutos, dijo Cristo. Un creyente de igual forma no puede tener malas obras si ha decidido entregar su vida a Cristo. El creyente ha de tener una forma de vida congruente entre lo que cree y lo que hace. No podemos decir que conocemos a Dios y no amar a nuestro prójimo. Como tampoco podemos decir que conocemos a Dios y ser injustos.

La segunda labor que hace Santiago es definir que es lo que hace una verdadera religión en la vida de las personas: las hace compasivas con quienes más sufren en este mundo. Un creyente vive en compasión con sus semejantes, pero particularmente con aquellos que la adversidad los ha abrazado y dejado en una condición vulnerable.

Y en tercer lugar una religión le da a las personas un sentido de ética. La ética es un conjunto de reglas de moralidad y buena conducta que se ejecutan no solo en público sino también en privado, que finalmente delante de Dios es lo que más importa, lo más valioso porque representa el convencimiento de que Dios está en todas partes y mira lo que hacemos.

La carta nos va a conducir por una de los grandes temas del cristianismo: la forman en que debemos adorar a Dios. La manera correcta de desplegar nuestro culto a Dios, lo hace para que entendamos y comprendamos el grave riesgo de tener una fe de ornato o adorno, una creencia externa solamente sin que llegue al corazón.

Es una advertencia y llamado de atención a la cristiandad que a veces se conforma con lo exterior, que en ocasiones vive exclusivamente de la apariencia y olvida que la fe se vive desde el corazón, en las buenas acciones y en las buenas obras hacia quienes nos rodean y viven alrededor nuestro.

Una fe práctica para una vida práctica nos previene de una religión vacía, una religión sin sustento, una religión que solo exhibimos en público, pero que en privado es incapaz de ayudarnos a vivir en compasión y santidad delante de Dios.

Una fe práctica para una vida práctica

Previene una religión vacía
A. Donde la gente vive engañada
B. Donde se vive sin compasión
C. Donde se vive sin santidad

¿Puede practicarse una religión vacía? Claro que sí. ¿Puede alguien creer que está sirviendo a Dios y en lugar de ello vivir engañado? Por supuesto que sí. Eso es de lo que nos va a hablar Santiago.

A. Donde la gente vive engañada

Dice el verso veintiseis de nuestro estudio de la siguiente manera:

Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana.

Santiago ha pedido antes de llegar a este punto que el hombre sea tardo para hablar, es decir que domine su lengua. Que las palabras que emita sean sensatas y bien pensadas antes de pronunciarlas porque revela lo que hay en su corazón. Cristo dijo que que de la abundancia del corazón habla la boca.

Una persona que se cree religiosa o que dice pertenecer al culto de adoración al Dios verdadero debe tener dominio de sus palabras y en consecuencia de lo que expresa ante los hombres que viven alrededor suyo. Pero si en lugar de ello encontramos a una persona que no refrena o controla lo que dice solo se engaña.

Inevitablemente el autor de la carta nos está llevando a pensar en aquellas personas dominadas por la ira que hablan y maldicen cuando están furiosas. Un verdadero creyente no puede de ningún modo vivir de esa forma porque a Dios no le agrada que dañe a los demás con sus palabras.

Santiago dice que esa clase de personas viven engañadas pensando que adoran a Dios y contundente señala que la religión de ese tipo de personas es vana. La palabra vana procede del griego mataios que se traduce como ineficaz o improductiva y por eso mismo se puede decir que es vacía porque no produce nada.

B. Donde la gente vive sin compasión

Santiago dice que si se quiere conocer la calidad de nuestra fe uno debe revisar el trato que le damos a las personas que carecen de los más elemental para subsistir. En la primera parte del verso veintisiete lo dice de la siguiente forma:

27 La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones.

Si se trata de descubrir un culto o adoración verdadero o puro y sin mancha, que es el sentido de la palabra religión que utiliza el autor de la carta, debemos saber que se manifiesta por el trato a dos clases de personas: los huérfanos y las viudas, sectores sociales muy marginados y empobrecidos.

En el Antiguo Testamento encontramos muchos mandamientos relacionados con estas dos clases de personas. La mayoría de ellos pidiendo a los hebreos que tuvieran consideración de ellos, también que los ayudarán y finalmente que los auxiliarán en sus necesidades materiales.

Proverbios 9: 17 dice de la siguiente manera:

“A Jehová presta el que da al pobre, y el bien que ha hecho, se lo volverá a pagar.”

Salmos 68: 5 dice así:

“Padre de huérfanos y defensor de viudas es Dios en su santa morada.”

Nos queda claro que la fe en Cristo Jesús va acompañada de una compasión por los necesitados, por lo que sufren en este mundo y se debe traducir en acciones concretas a favor de ellos. No se trata de solo sentir compasión, sino de hacer algo por ellos poniendo el mayor de nuestros intereses.

C. Donde se vive sin santidad

La última parte del verso veintisiete dice así: y guardarse sin mancha del mundo.

Una fe vacía se expresa de manera dramática con una vida sin el menor temor de Dios viviendo de acuerdo a nuestros principios y valores humanos y excluyendo la opinión de Dios, sobre todo en el aspecto de moralidad y buenas costumbres. Pensar que se tiene fe y vivir permanentemente en maldad es un peligroso engaño.

Una fe práctica para una vida práctica nos previene de una religión vacía donde vivir sin santidad es una triste realidad. El creyente que vive una religión verdadera vive en compromiso con la santidad de Dios, luchando contra el mundo que lo lleva a placeres fuera de la voluntad de Dios.

Santiago remata su idea de una fe vana escribiendo sobre la imperiosa necesidad de vivir de acuerdo a lo que Dios ha establecido en su palabra para salir sin mancha de un mundo en el que vivir a nuestro antojo es el estilo de existencia para pasarla bien sin considerar si lo que hacemos ofende a Dios.

Algunas versiones traducen la frase “guardarse sin mancha del mundo” como “no dejarse corromper por el mundo” o “conservarse limpio de la contaminación del mundo”. Nos queda claro así que una religión verdadera nos lleva a vivir de acuerdo a los estandares establecidos por Dios en lo referente a una vida sin maldad.

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