La Biblia dice en Santiago 1:3

“Pues ya saben que cuando su fe es puesta a prueba, ustedes aprenden a soportar con fortaleza el sufrimiento.”

La versión Reina Valera 1960 traduce este verso así: sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. La paciencia es una virtud que los creyentes deben aprender a cultivar y no hay otra manera para ello que resistir los embates que tratan de minar nuestra fe y confianza en el Señor.

No hay otra vía, no hay otro camino para crecer en paciencia que ser sometidos al escrutinio del Señor a través de dificultades, problemas, adversidades y escasez, peligros y toda serie de males que se plantan en nuestra vida como fantasmas que tratan de hacernos tropezar y caer.

El catálogo que Pablo nos ofrece en Romanos es amplio y complejo: tribulación, angustia, persecución , hambre, desnudez, peligro o espada. Todas esas experiencias nos abruman y nos atemorizan, pero son la única fórmula para que nuestra fe sea puesta a prueba y apruebe el examen.

Nuestro corazón se estremece y tiembla cuando pasamos por esas horas, días o semanas en los que parece que Dios nos ha abandonado o no escucha nuestras oraciones, pero en realidad es cuando más cerca esta de nosotros probando la naturaleza de nuestra fe, conociendo el grado de confianza que le tenemos.

Y no puede ser de otra manera porque la fe es la única manera con la que podemos agradar a Dios. La fe es una virtud que complace a Dios porque revela la seguridad y certeza que se tiene de su persona. Con ella reconocemos, admitimos y aceptamos que Dios es fiel, bueno, grande y que jamás falla.

Santiago, el medio hermano de nuestro Señor Jesucristo, escribe esta verdad en medio de una turbulenta persecución de la iglesia cristiana en Jerusalén que hizo que muchos huyeran para salvar sus vidas y lo hizo para animar a los creyentes de todos los tiempos a fin de que recordemos que la autenticidad de nuestra fe se prueba en las horas de dificultad.

La iglesias y los creyentes que la integran deben estar conscientes que de un momento a otro su fe será probada y ello no debe ser motivo de tristeza o desaliento, sino de alegría y firmeza porque Dios desea perfeccionar aun más nuestra vida trayendo situaciones que en un principio parecerán dañinas, pero luego nos ayudarán a crecer.

Los hijos de Dios son hijos entrenados en la paciencia que no es otra cosa que la capacidad de soportar con fortaleza el sufrimiento.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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