La Biblia dice en Hebreos 4: 2

“Porque nosotros recibimos el anuncio de la buena noticia, lo mismo que ellos; pero a ellos no les sirvió de nada el oírlo, porque no se unieron por la fe con los que habían obedecido al mensaje.”

Dios se comunica permanentemente con sus hijos. Habla, muestra sus obras, expresa su cuidado y manifiesta constantemente su acompañamiento en todos los momentos con quienes le siguen o dicen seguirle. La diferencia entre unos otros radica esencialmente en la respuesta que le dan a los mensajes que Dios manda. 

El autor de la carta a los Hebreos usa a los judíos que salieron de Egipto a la tierra prometida como ejemplo de quienes escuchan el mensaje divino, pero no responden de la manera que Dios espera. Nos queda claro que los mensajes del Señor deben tener como respuesta fe, en otras palabras creer lo que ha dicho. 

Además de creer en lo que dice, se debe confiar en sus decisiones y aceptar que sus determinaciones son siempre las más acertadas a fin de abrazar con todas nuestras fuerzas lo que ha dicho o dice a nuestras vidas, de lo contrario por más que hable a nuestras vidas nunca tendrá provecho porque sencillamente sus palabras no tendrán efecto. 

La fe es un elemento esencial para acercarse, conocer y tratar con Dios. No se puede decir que seguimos o amamos a Dios si carecemos de la convicción de lo que no se ve y certeza de lo que se espera. No sirve de nada oír o leer, por ejemplo, la revelación divina contenida en las Escrituras si no lo hacemos con fe. 

Y no sirve porque no va a provocar nada. Porque no tendrá ninguna clase de efecto o repercusión en la vida de las personas. Los mensajes de Dios, además de ponerles mucha atención, debemos atenderlos con un corazón abierto, con una mente decidida a creerle todo a nuestro buen Dios. 

De esa forma lo agradamos porque aunque no vemos todas sus promesas cumplidas, el hecho de abrazarlas como si ya se hubieran consumado lo agradan tanto que con toda seguridad nos dará lo que esperamos que nos dé. Se trata de la mejor manera de agradar al Creador, mostrándole nuestra seguridad en él. 

El resultado de oír sin fe la palabra de Dios es que nunca alcanzaremos las promesas de Dios tal y como le ocurrió a la generación israelita que salió de Egipto: nunca vieron la tierra prometida, ni la pisaron. Su falta de fe los consumió en el desierto.  

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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