La Biblia dice en Lucas 1:45

“Dichosa tú por haber creído que han de cumplirse las cosas que el Señor te ha dicho!”

Elisabet estaba completamente segura que el mensaje que María había recibido por parte del ángel Gabriel anunciado la encarnación de Cristo se cumpliría totalmente. No había en ella la menor duda que María habría de ser el instrumento que Dios escogió para que el Verbo o la Palabra se hiciera hombre.

Había llegado a esa conclusión, no solo por su embarazo, sino también porque su esposo había quedado mudo luego de ser visitado por el mismo ser angelical que había hablado con la que sería madre de Jesús y su convicción sobre las promesas hechas a ambas familias estaba en un punto en el que nada le hacía dudar.

Cuando las dos mujeres se encuentran, Elisabet felicita a María y le dice: “dichosa tú por haber creído” en una clara expresión de lo que le sucedió a su esposo que al no creer el mensaje del Señor había perdido la voz y estaría así por todo el tiempo que durara el embarazo y diera a luz a Juan el Bautista, lo que para ella había sido una gran lección.

Elisabet valoró grandemente la diferencia entre Zacarías y María frente al ángel Gabriel y el mensaje que le había sido encomendado al mensajero del Señor. Su esposo había reaccionado con incredulidad, pero María había expresado su confianza en Dios y la diferencia entre ambas actitudes estaba en el gozo.

Mientras Zacarías se retiraba momentáneamente de su labor como sacerdote, María disfrutaba de la dicha, el gozo y la alegría que produce el hecho de confiar en Dios, lo que nos muestra que la confianza en el Señor siempre trae alegría y la duda nos acarrea más problemas que bendiciones.

Elisabet experimentó con la vida de su esposo la gran diferencia que siempre habrá entre quienes agradan a Dios con su fe y aquellos que la duda y la incredulidad los aleja a gran distancia de la alegría que se desborda cuando depositamos toda nuestra seguridad en Dios que siempre cumple y nunca falla.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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