La Biblia dice en Mateo 4:16

“El pueblo que andaba en la oscuridad vio una gran luz; una luz ha brillado para los que vivían en sombras de muerte.”

El profeta Isaías anunció el ministerio de Cristo. Vio su nacimiento, se regocijó con la salvación que traería no solo a sus compatriotas sino a todo el mundo y escribió setecientos años antes de nacimiento lo que habría de hacer, cómo habría de nacer y cómo habría de ser llamado.

Mateo lo cita para describir su luz, esa luz que llegaría a los pueblos que andaban en oscuridad, el brillo refulgente que disiparía las tinieblas de quienes vivían en sombras de muerte enlazando de esa manera su amorosa labor de ilustrar, clarificar y aclarar el sentido de la vida de las personas.

El hombre vive en una gran oscuridad, su vida transcurre preguntándose la razón de la vida y nunca logra resolver ese dilema desde su perspectiva estrictamente humana y por eso necesita ser alumbrado, esclarecido y auxiliado para encontrar la razón de la vida sobre este mundo, tan llena siempre de sombras de muerte.

Y Jesús es esa luz que todos necesitamos en todo tiempo porque su presencia tiene la virtud de darle sentido a todo, incluso a los padecimientos y sufrimientos. Solo él puede con las tinieblas que encontramos a nuestro paso en este mundo y que nos hacen tropezar si carecemos de Aquel que las ha derrotado desde siempre.

Su luz está allí, la pueden ver todos los que la quieran ver porque llegó al pueblo que andaba en oscuridad y brilló para todos los que vivían en la desesperanza y nunca más se podrá apagar. Allí está dispuesta para quien la quiera tener. Está encendida desde hace dos mil años y desde ese tiempo a nadie ha defraudado.

Su luz deslumbrante es tan poderosa que la oscuridad nunca ha podido prevalecer contra ella, ni podrá en ningún momento detenerla y mucho menos destruirla porque desde el principio separó la luz de las tinieblas haciéndolas vencedoras sobre la confusión que genera la ausencia de lumbreras en este mundo.

Las palabras de Isaías citadas por Mateo nos recuerdan de nueva cuenta que Jesús es la luz verdadera que alumbra a este mundo y sirve para disipar sus tinieblas. Su luz admirable dejó ciego a Saulo de Tarso cuando perseguía a la iglesia porque es poderosa más allá de lo que podamos entender en nuestro limitado corazón.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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