Este estudio se basa en los capítulos 21 y 22 del libro de Apocalipsis.

Introducción

La literatura ha creado todo un género para hacer creer a los hombres que no existen los finales felices. Pero el Libro de libros, la Biblia, nos muestra que los creyentes nos dirigimos al más feliz de todos los finales. Nos dirigimos a la consumación de la historia, donde Cristo reinará para siempre.

Las grandes guerras, los constantes conflictos, la maldad creciente, la desesperanza del corazón llegarán a su fin. Llegaremos al reinado eterno de Cristo. Juan nos hace volver nuestros ojos a la eternidad que Cristo prometió cuando vino a la tierra, diciendo que había venido a darnos vida y vida en abundancia.

Juan le escribe a una iglesia sufriente, perseguida por el poder más grande que existía en esos días y les ánima a seguir y para ello les muestra lo que les depara el futuro. La iglesia del primer siglo y toda la cristiandad es animada por el Señor a través del último libro de la Biblia.

Nosotros sabemos perfectamente a donde vamos. No hay inseguridad ni duda. Nuestro destino está claramente marcado. Ciertamente vivimos tiempos de gran aflicción, pero como dice Pablo que no se comparan en nada con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.

La Biblia es un solo libro y tiene un milagroso hilo conductor que podemos apreciar cuando ponemos atención. El primer libro de la Biblia es Génesis y nos habla de cómo fueron constituidos los cielos y la tierra. Apocalipsis es el último libro de la Escritura y nos dice que la creación será renovada, es decir, que habrá nueva creación.

Ese es el tema principal de los últimos dos capítulos de la Revelación de Jesucristo. Dios le mostró a Juan que habrá de renovar los cielos y la tierra y junto con ellos habrá de recrear la ciudad de Jerusalén, que es el tema al que le dedica la mayor parte de esta sección del libro del 21:9 al 22:5.

El libro de Apocalipsis concluye con la promesa de tres cosas nuevas: cielos, tierra y la ciudad de Jerusalén. Los últimos dos capítulos del último libro de la Biblia termina con una esperanzadora promesa del Creador de renovar toda su creación para disfrute de los redimidos del Padre.

A lo largo de todos estos meses hemos visto cómo Dios va dirigiendo la historia de la humanidad hacia su destino final. Los grandes protagonistas son la iglesia e Israel y su acérrimo enemigo de ambos: el diablo y sus agentes y esbirros: la bestia, el falso profeta y la gran ramera.

Todos ellos han sido derrotados estrepitosamente y lanzados al lago de fuego y azufre para dar paso a una nueva creación tal y como la anticipó Pedro en su segunda carta, capítulo 3:10-13.

10 Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche;en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. 11 Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, 12 esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! 13 Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.

Juan se apresta a contarnos lo último que vio. Su mensaje se centra en la nueva creación y particularmente en la nueva Jerusalén asediada tantas y tantas veces por los adversarios del pueblo de Dios, pero ahora la presenta gloriosa, victoriosa y radiante para convertirse en la morada de Dios y de todos aquellos que confiaron siempre en sus promesas.

El relato de Juan en estos dos últimos versos nos enseñan claramente que Dios, en primer lugar, tendrá que renovar su creación debido a que el pecado del hombre la mutó y dañó seriamente. La tierra tendrá un cambio radical porque los mares y oceános dejarán de existir.

El fin de la historia del hombre en la tierra es el inicio de una nueva existencia donde la maldad y el maligno no volverán a tener presencia y en consecuencia lo que habrá de haber es la felicidad, el gran anhelo de todos los seres humanos donde no habrá más llanto, ni mas tristeza, ni más dolor.

A lo largo de las semanas siguiente estudiaremos estos dos capítulos para entender lo que le espera a la iglesia en el futuro, a fin de afianzar nuestra fe, con el propósito de tener claridad a la hora de expresar la razón de nuestra esperanza plena a las personas que nos pidan una explicación de nuestra fe.

Una nueva creación

A. Cielos nuevos y tierra nueva
B. Ciudad de Jerusalén nueva
C. La promesa renovada de Cristo

Además de abordar estos tres puntos en las siguientes semanas, Juan nos lleva a considerar seriamente la clase de vida que se espera para quienes anhelan participar en estos eventos futuros.

Apocalipsis 21:8

Pero los cobardes, los incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.

Apocalipsis 22:11

El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo santífiquese todavía.

Apocalipsis 22:15

Más los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras y toda aquel que ama y hace la mentira.

Queda claro que hasta el último momento Juan llamó a la iglesia a estar preparada para participar de las grandes celebraciones que vendrán en el futuro.

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