La Biblia dice en Éxodo 2:22

“Y ella tuvo un hijo al que Moisés llamó Guersón, porque dijo: Soy un extranjero en tierra extraña.”

Moisés huyó de Egipto a Madián porque Faraón buscaba su vida para matarlo por haber privado de la vida a un egipcio al tratar de defender a un hebreo maltratado, sin embargo fue descubierto su delito y se dio a la fuga que lo llevó a un lugar distante de Egipto donde conoció a Jetro y a su hija Séfora con quien procreó un hijo.

A ese descendiente Moisés le puso por nombre Guerson, dice la versión Dios Habla Hoy. La versión Reina Valera 1960 traduce como Gersón. El vocablo gersón literalmente significa extraño o extranjero.

Es interesante notar que bastaba con el término para entender que le puso ese nombre porque estaba fuera de su lugar de origen, pero Moisés subraya el hecho al decir en tierra extraña. Lo que denota que Moisés se sentía absolutamente fuera de lugar. Aunque en realidad no era egipcio al no estar con los suyos se sentía extranjero en Madián.

Él podía quedarse allí en Madián. Estaba casado. Era apreciado por su suegro y comenzaba a tener una familia y además en Egipto era un proscrito buscado por la ley para pagar por un homicidio. Sin embargo no se conformó con su nuevo estilo de vida y definitivamente la estabilidad que había alcanzado no fue suficiente para detenerlo.

Moisés le puso ese nombre a su hijo para recordarse a sí mismo en primer lugar que no se quedaría para siempre allí, en segundo lugar que debería regresar a Egipto y en tercer lugar que su pueblo vivía una gran injusticia y él no se podía quedar con los brazos cruzados o con la comodidad de olvidar que lejos de allí había que hacer justicia.

Su actitud resulta ejemplar para nosotros porque nos enseña que siempre hay una tarea por realizar, que no podemos cruzarnos de brazos frente a las injusticias y que debemos luchar siempre por ayudar al prójimo renunciando a nuestro confort y haciendo a un lado las incomodidades que nacen de una decisión de esa naturaleza.

Moisés nos enseña también que por más bien que nos vaya en este mundo definitivamente no es nuestro hogar, que nosotros tenemos una patria que nos llama y que es eterna, la patria celestial.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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