La Biblia dice en Hebreos 11: 31

Y por fe, Rahab, la prostituta, no murió junto con los desobedientes, porque ella había recibido amistosamente a los espías de Israel.

La historia de Rahab es sorprendente, aleccionadora e inspiradora. Ella era una prostituta de la villa de Jericó. La Escritura no nos dice cuándo comenzó a ejercer esa actividad, ni las razones, ni tampoco los pormenores de lo que la arrojaron a vivir de esa escandalosa forma, lo único que nos relata es que ella creyó totalmente que los judíos conquistarían su ciudad. 

La fe de ella la encontramos explicada completamente en el libro Josué donde dice con toda claridad que esa mujer le dijo a los espías que llegaron a conocer el terreno y personas que habían de enfrentar los israelitas en esa ciudad, pero que la dialogar con ellos, ella reconoció que lo acontecido cuarenta años antes en el Mar Rojo ocurriría de igual forma con Jericó. 

Asimismo ella oyó los acontecimientos en ese lugar cuando Dios destruyó a Faraón y a todo su ejército y le dio la victoria a Israel de manera sorprendente y de forma poderosa y creyó con todo su corazón que eso mismo sucedería en su tierra, por eso de inmediato se aprestó a ayudar a los espías que fueron a reconocer el terrenos que habrían de conquistar. 

Todo esto suena perfecto en una mujer piadosa o temerosa de Dios, pero Rahab era una prostituta, una meretriz que vendía su cuerpo entre los habitantes de Jericó. Una paria social a la que muchos mal veían por la actividad a la que se dedicaba y que muy probablemente era despreciada.

Sin embargo aun en esa condición en ella nació la fe en el Dios verdadero, sin siquiera conocerlo. Ellas solo supo lo que había hecho unos cuarenta años antes y lo creyó totalmente, lo que le valió ser reconocida como una mujer de fe y no solo eso sino que también su inclusión en la genealogía de Jesús. 

Su historia nos muestra que la fe puede nacer en cualquier condición y momento en la vida de las personas. Que nosotros no somos nadie para juzgar lo que Dios puede hacer en el corazón de los hombres o las mujeres. Su vida nos hace pensar seriamente en que Dios perdona nuestro pasado cuando con todo el corazón nos volvemos a él. 

Para Dios es más importante la fe que nuestro pasado y en el caso de Rahab, no solo la salvó, sino que le dio un esposo con el cual engendró a uno de los antepasados de Jesucristo, y fue incluida en la genealogía que más adelante darían a conocer los cronistas del Antiguo Testamento y los evangelistas del Nuevo.

Rahab fue una mujer que se sobrepuso a su condición social con la ayuda de Dios en una expresión que nos lleva a reflexionar que solo  el Creador puede impulsar cambios profundos que transformen radicalmente nuestra existencia. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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