La Biblia dice en Esdras 3:12

“Y muchos de los sacerdotes, levitas y jefes de familia, que eran ya ancianos y que habían visto el primer templo, lloraban en alta voz porque veían que se comenzaba a construir este nuevo templo. Al mismo tiempo, muchos otros gritaban de alegría.”

Después de setenta años de exilio babilónico los hebreos regresaron a Jerusalén a reconstruir el templo que había sido destruido por Nabucodonosor. El libro de Esdras nos ofrece los pormenores del retorno de cuarenta y dos mil trescientos setenta personas que volvieron a su patria.

Según nos relata el escritor y sacerdote, Esdras, con ofrendas voluntarias consistentes en cuatros cientos ochenta y ocho kilos de oro, dos mil setecientos cincuenta kilos de plata y cien túnicas sacerdotales, las labores de restauración de la casa del Señor iniciaron tras siete décadas de abandono.

Esdras es muy puntal en compartirnos lo que ocurrió cuando se pusieron manos a la obra. Se concentraron todos y lo que ocurrió nos muestra como un suceso o evento puede provocar distintas reacciones. Había personas de edad avanzada. setenta y cinco años, ochenta, ochenta y cinco años y también jóvenes de treinta, cuarenta y cincuenta años.

Los primeros, que habían visto el templo construido por Salomón no pudieron contener sus lágrimas al recordar la majestuosidad del lugar, pero otros gritaban de alegría al iniciar los trabajos que les permitirían contar con su lugar sagrado para venerar y adorar al Señor que los había regresado del cautiverio.

La razón por la que Esdras nos comparte esta situación es para que podamos recodar que Dios siempre nos da una segunda oportunidad, que si bien nuestra iniquidad nos hace perder bendiciones, Dios siempre en su gran amor y compasión nos permite y ofrece la posibilidad de enmendar nuestra conducta para retornar a su obra.

Los ancianos lloraban porque el templo de Jerusalén lucía desalador en comparación con el glorioso local que ellos usaron, pero los jóvenes se entusiasmaron de reparar lo que sus antepasados descuidaron y dejaron en esas condiciones. Israel tenía la posibilidad, ahora, de contar con una nueva posibilidad de reconciliarse con el Señor.

Dios siempre extiende sus brazos de amor a todos para ofrecernos una segunda oportunidad a fin de servirle con todo el corazón. No se cansa de extender su amor hacia nosotros para rehacer o restaurar nuestra vida y seguir caminando en su senda, una senda llena de bendiciones.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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