La Biblia dice en Juan 15: 5

“Yo soy la vid, y ustedes son las ramas. El que permanece unido a mí, y yo unido a él, da mucho fruto; pues sin mí no pueden ustedes hacer nada.”

Los ejemplos de Jesús para que entendiéramos su mensaje fueron muy sencillos. Era sumamente difícil que la gente no entendiera lo que Jesús estaba enseñando con sus ilustraciones porque eran tan comunes que desde los niños hasta los adultos podían comprender que quería que aprendiéramos. 

La ilustración de la vid y las ramas para enseñarnos a dar fruto y a depender de su persona fue y es una ilustración muy simple, pero demasiado clara para comprender que Jesús puso a nuestro alcance sus verdades a fin de que pudiéramos saber lo que él desea que hagamos como seguidores suyos. 

Jesús se comparó con la vid y a nosotros nos comparó con las ramas para mostrarnos al menos dos verdades en este verso que hoy meditamos: La primera es que la vida del creyente debe ser un vida que dé frutos. Es decir, que un hijo de Dios de ningún modo puede ir por la vida sin resultados de su fe. 

La palabra fructificar o dar fruto nos hace pensar en una vida productiva o una vida en la que un árbol plantado se obtienen beneficios. Eso significa que la vida del discípulo jamás puede ser sin fruto. De hecho la clase de frutos que se obtengan de una persona hará visible su fe en Cristo o su simulación. 

La segunda verdad que encontramos en este verso, ligada a la primera es que sin Jesús nada se puede hacer, particularmente en dar frutos. Es un condición indispensable estar en Cristo para fructificar. Es prácticamente imposible que un creyente pueda fructificar lejos de la presencia del Señor. 

Y justamente allí sirve la ilustración. Al igual que la vid, para producir frutos es necesario que las ramas estén ligadas al árbol. De no ser así, no solo no producirá nada, sino que se secará y finalmente solo servirá para ser quemada y desparecer para siempre. 

Los frutos y la vitalidad de una rama vienen de su permanencia en Cristo. Separada del tronco no podrá tener nada. Así de idéntica manera el creyente debe permanecer en Cristo para dar fruto, recordando que separado de él nada podrá obtener y tampoco dar porque la savia viene de nuestra unión con él. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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