La Biblia dice en Hechos 9:36

“Por aquel tiempo había en la ciudad de Jope una creyente llamada Tabitá, que en griego significa Dorcas. Esta mujer pasaba su vida haciendo el bien y ayudando a los necesitados.”

La historia de Tabita o Dorcas es una historia estrujante de amor y poder y sobre todo del resultado de una vida dedicada a hacer el bien ayudando a los que más necesitan del auxilio en este mundo, ya sea por su condición física o su condición material, haciendo un máximo esfuerzo por ellos.

El significado del nombre de esta mujer es gacela. En arameo, griego y español fue con el nombre de esta ave como sus padres la nombraron y tal vez sin quererlo forjaron de esa forma su personalidad ya que fue una mujer encantadora y sumamente labiorosa, según el relato que hace de su muerte el médico amado Lucas en el libro de los Hechos.

Su labor principal era la costura. A su muerte las mujeres que eran sus amigas, presentaron las prendas que ella elaboraba como túnicas que en aquel tiempo era completamente artesanal, es decir manual y requería mucha laboriosidad y sobre todo mucho tiempo para diseñarlas y fabricarlas y luego comercializarlas.

Dorcas no era una mujer acaudalada. Era una mujer muy trabajadora y mediante ese trabajo ayudaba a los demás. Las mujeres que la acompañaban en su sepelio antes de que Pedro orara por ella y el Señor la resucitara, dieron testimonio de una vida entregada a hacer el bien y ver por los menesterosos.

Ella no tenía mucho, pero lo que tenía lo ponía al servicio de los demás. Allí residió el reconocimiento que recibió de parte de quienes la conocieron, pero también allí encontramos una de las razones por las que Dios le devolvió la vida: era una mujer compasiva y que de los suyo daba a los demás.

La gacela era una fémina solidaria y empática con los menos favorecidos y lo hacía de su pecunio. Sin egoísmo, sin avaricia. Trabajaba con sus propias manos para obtener lo que ella necesitaba, pero también para poder llevar los necesitados algo que pudiera paliar su lamentable condición.

Su historia nos debe a empujar a buscar el bien a toda costa, aún contra nuestros propios deseos y también a mirar con amor y compasión a los necesitados porque esa es una clase de nueva vida para todos.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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