La Biblia dice en 2ª a Timoteo 2:21

“Si uno se mantiene limpio de esas faltas, será como un objeto precioso, consagrado y útil al Señor, apropiado para cualquier cosa buena.”

En la segunda carta que le escribe a Timoteo, Pablo menciona a Himeneo y a Fileto, dos miembros de la iglesia de Éfeso que enseñaban o más bien promovían entre los creyentes de esa congregación que la resurrección de los muertos, ya había ocurrido, incurriendo en una grave desviación doctrinal. Las herejías no solo son yerros, son manchas para la iglesia.

El tema de la resurrección, que lo podemos encontrar ampliamente explicado en la primera carta a los Corintios, nos muestra lo complejo que estaba resultando en aquellos días la enseñanza de las verdades básicas en la naciente comunidad cristiana y la intromisión e introducción de enseñanzas erróneas, que apartaban de la verdad a los creyentes.

Pablo aprovecha esta situación para recordarle a Timoteo, mediante un ejemplo, que al interior de la iglesia siempre va a existir esta clase de personas y la orden es evitar enredarse en vanas discusiones que no sirven para nada, haciendo una comparación con los enseres domésticos que había en esa época. El apóstol hace una diferenciació clara, lisa y llana.

Había menaje en las casas romanas que tenía un uso decoroso y otros que servían para necesidades físicas más naturales, pero que de igual modo tenían cierta utilidad y tanto unos como otras se ensuciaban. La idea de Pablo al usar este ejemplo es que los creyentes pudieran entender que debían alejarse de doctrinas equivocadas porque los ensuciaban.

Lo de Himeneo y Fileto era algo más que confusión, no se trataba solamente de enseñar que la resurrección ya había ocurrido, sino la de atacar las bases de la fe cristiana y llevar a los que los escuchaban y seguían a enseñanzas equivocadas, que inevitablemente los conducirían a prácticas alejadas de las enseñanzas de Jesús.

Es entonces que Pablo les pide que se limpien de esa clase de doctrinas para convertirse en discípulos útiles para el Señor a fin de hacer la obra para la cual los eligió y llamó.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

Deja tu comentario