La Biblia dice en 1ª de Corintios 16: 13

“Manténganse despiertos y firmes en la fe. Tengan mucho valor y firmeza.”

Pablo hace unas recomendaciones finales a los creyentes de Corinto. Me concentro en la que dice “tengan mucho valor”. La versión Reina Valera 1960 la traduce como “portaos varonilmente”. “Pórtense con valentía”, vierte la versión Hispanoamericana. “Sean valientes”, dice la versión Palabra de Dios para todos. 

El cristianismo requiere entre otras virtudes la valentía. Creer en Jesús tiene sus riesgos. Es inevitable que la fe en el Hijo de Dios no suscite controversias, hostigamientos, persecución y malquerencias. No. El cristianismo desde su origen ha tenido un sin fin de detractores y enemigos mortales. 

Jesús tuvo enemigos por hacer el bien, los apóstoles enfrentaron adversarios muy perversos que quisieron detener la predicación del glorioso evangelio y ni que decir del apóstol Pablo que tuvo archi enemigos que le hicieron ver su suerte en cada una de las ciudades a donde llegó a compartir las buenas nuevas de salvación. 

El creyente debe estar consciente de que su fe habrá de despertar la admiración de quienes lo aprecian, pero el odio irracional de quienes equivocadamente piensan que la fe puede crear o desarrollar personas peligrosas. Para seguir a Jesús, entonces, se necesita valentía, valor o conducirse varonilmente. 

La cobardía es mal vista, censurada y denostada en toda la Escritura porque no corresponde con la actitud que deben tener quienes confían en Dios. La confianza en Dios hizo que David enfrentara a Goliat, sin ninguna clase de miedo. También hizo que Elías se enfrentara a los profetas de Baal. 

El llamado de Pablo para que los hijos de Dios se revistan de valentía no en balde. Hay ciertos momentos de la vida en que necesitaremos de valor para enfrentar adversidades o enemigos que quieren dañar nuestra vida y entonces no hay cabida para el temor o la cobardía y volver atrás. 

Cuando uno mira y admira el Coliseo de Roma, uno de los monumentos más impresionantes del imperio romano donde muchos cristianos murieron a manos de los gladiadores y de bestias salvajes para rendir tributo a su fe, uno lo menos que puede hacer es portarse con valor ante los desafíos de la vida. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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