La Biblia dice en Hechos 21:13

“Pero Pablo contestó: ¿Por qué lloran y me ponen triste? Yo estoy dispuesto, no solamente a ser atado sino también a morir en Jerusalén por causa del Señor Jesús.”

Como nunca en la historia de la humanidad, el mundo vive para el placer. Los avances tecnológicos tienen como inspiración que el hombre disfrute, la pase bien y de rienda suelta a sus sentidos. El ejemplo más acabado de esta verdad son los dispositivos moviles que no solo sirven para hablar o comunicarnos, sino para jugar y divertirse por horas.

Somos hoy por hoy una generación que no se niega un solo placer desde comer, reír, beber, mirar y oír música, todo, desde en delicado toque de pantalla con las yemas de nuestros dedos. Hoy en día es común ver personas con móvil enfrascadas en buscar y buscar nuevos senderos de placer.

Esta realidad hace que el dolor, el sufrimiento y los padecimientos sean vistos como algo que no cabe, algo que sencillamente no se puede aceptar y sobre todo como algo extraño y en el patético caso una circunstancia con la que muchas personas se les dificulta ser solidario o empático.

Esta dualidad la vivió en carne propia Pablo cuando un profeta llamado Agabo tomó su cinto y anunció, sin saber que era un prenda de Pablo, que el dueño ese artículo sería atado por los judíos y luego entregado a los romanos para ser detenido y lastimado si acudía a Jerusalén. Era una profecía violenta y que nadie quiere escuchar en estos tiempos.

Cuando los hermanos lo oyeron, le suplicaron a Pablo que por favor no fuera a Jerusalén que se regresara y que en otra ocasión fuera a esa ciudad, sin embargo Pablo les expresó que no lo pusieran triste y dejaran de llorar. Él no solo estaba dispuesto a ser atado, sino también a morir por el Señor Jesús y se dirigió allí donde en efecto fue detenido en prisión.

Pablo nos enseñó de esa manera que la vida placentera debe hacerse a un lado y el hijo de Dios debe asumir con resignación los dolorosos tiempos de tribulación, angustia y padecimientos. Al mundo siempre le va a parecer una locura optar por el sufrimiento, pero el cristianismo fue fundado por un hombre experimentado en quebranto.

Rehuir al sufrimiento por Cristo es sencillamente vergonzoso, pero escapar del padecimiento por la fe en Jesús es de cobardes, es olvidar que en el mundo tendremos aflicción, pero que Cristo ha vencido al mundo. Ante la disyuntiva entre placer y sufrimiento el mejor camino será siempre el sufrimiento. Para ello necesitamos valor. Mucho valor.

Jesús, por eso afirmó, dichosos los que sufren porque ellos recibirán consolación.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

Deja tu comentario