La Biblia dice en Éxodo 19:4

“Ustedes han visto lo que yo hice con los egipcios, y cómo los he traído a ustedes a donde yo estoy, como si vinieran sobre las alas de un águila.”

La intervención divina para salvar a su pueblo luego de cuatrocientos años de esclavitud en Egipto fue resumido con una figura poética por Moisés en el libro de Éxodo: como si vinieran sobre las alas de un águila, para que le quedará claro a Israel que Dios los sacó de la servidumbre egipcia de manera espectacular, inusual y poderosa.

Con este ejemplo Dios quería que a los judíos les quedara claro que su decisión de ayudarlos lo llevó a emplear su fuerza y poderío como lo tiene una águila que entre sus características destaca una velocidad impresionante debido a su musculatura que la hace elevarse a alturas insospechadas.

Ellos no tuvieron que hacer nada porque fueron llevados sobre las alas de un águila, la parte más fuerte de ese animal, lo que nos hace reflexionar sobre la forma en que Dios actúa cuando se trata de defender a los suyos, cuando sus hijos se ven en situaciones en las que requieren urgente ayuda.

Se trata de hacernos ver que frente a nuestros enemigos Dios no pone en lugar inalcanzable, en una posición donde difícilmente podrán hacernos daño, en la que solo nos podrán mirar de lejos sin poder hacernos nada porque él nos lleva sobre sus hombros, como una águila remonta las alturas confiada en el poder de sus alas.

Dios quería cambiar la mentalidad de su pueblo que luego de cuatrocientos años de esclavitud que los había sometido a tareas indignas que los habían hecho perder su autoestima y ahora necesitaban tener presente y no olvidar nunca que Dios tenía un profundo amor por ellos y debían sentirse seguros.

La autoestima se reafirma día con día cuando descubrimos las clases de acciones que se emprenden a nuestro favor. Y los judíos y nosotros debemos saber que cuando se trata de nuestro cuidado y protección Dios despliega toda su fuerza y todo su poder exactamente igual que el águila cuando vuela con esa majestuosidad y desafía el viento en el cielo.

Nadie debe sentirse menos, al contrario nos debemos sentir valiosos, importantes porque para el Creador representamos algo por lo que vale la pena hacer el mayor de los esfuerzos de tal manera que a pesar que para muchos tal vez no valgamos nada para el Señor tenemos un precio invaluable.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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