La Biblia dice en Mateo 1:22

“Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había dicho por medio del profeta.”

En la Biblia hebrea la sección de los profetas se conoce como Navim, que a su vez se divide en dos llamados primeros y posteriores. En estos últimos se localizan los que los cristianos llamamos profetas mayores y profetas menores no por su contenido, sino porque los últimos doce se reunían en un solo rollo, mientras que los otros cuatro tenían uno por cada uno.

Fueron ellos, pero particularmente Isaías, los que anunciaron con claridad siglos antes el nacimiento de Cristo, prefijaron el lugar: en Belén de Judá, escribió Miqueas. Nacería de una virgen, adelantó Isaías y así decenas de profecías sobre la vida y obra de Cristo. Sobre su infancia y su vida adulta.

Para cuando Jesús nace, Mateo se apresta a confirmar los anuncios que Dios había hecho centurias antes sobre la forma en que Dios se haría cargo de materializar cada una de sus promesas y ratificar su fidelidad a sus palabras y promesas y que cada una de ellas relacionadas con la encarnación tendrían su cabal cumplimiento.

A lo largo de todo el evangelio de Mateo esa es la frase conductora: para se cumpliera lo que el Señor había dicho y el primer evangelista del Nuevo Testamento vio y comprobó que Cristo vino a cumplir todo lo que se había dicho sobre su persona y arranca justamente con la forma en que sería concebido.

El escritor de las buenas nuevas que fue llamado al apostolado cuando era un cobrador de impuestos no tuvo la menor duda sobre la forma en que Dios diseñó el plan de salvación y lo ejecutó en la persona de María, pero era un plan trazado con mucha antelación, cuidado rigurosamente para llevarlo a cabo.

Sus palabras al cumplirse cada una de las profecías nos dejan en claro que Dios sabe cumplir lo que promete, que sus planes son inmutables y que nada de lo que ha dicho dejará de materializarse lo que nos hace tener certeza y confianza en que todo lo que nosotros creemos ni es un absurdo y mucho menos una locura.

La Escritura está conectada por Cristo desde el comienzo hasta el final y nada, absolutamente nada, dejará de cumplirse porque Dios no es hombre para que mienta ni hijo de hombre para que se arrepienta. Su nacimiento en Belén es una prueba para toda la humanidad que todo lo dicho en la Biblia es veraz y verídico.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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