Dice la Biblia en Filipenses 3:18- 20 (NVI) 

Como les he dicho a menudo, y ahora lo repito hasta con lágrimas, muchos se comportan como enemigos de la cruz de Cristo. Su destino es la destrucción, adoran al dios de sus propios deseos y se enorgullecen de lo que es su vergüenza. Solo piensan en lo terrenal. En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde anhelamos recibir al Salvador, el Señor Jesucristo. 

Al escribir la  carta a los Filipenses, Pablo está muy afligido. Le preocupan en gran manera todos aquellos que se comportan como enemigos de la cruz de Cristo, y a continuación cita las razones por las que son llamados así. 

En un sentido inverso de esta oración podemos decir que el apóstol nos da la pauta para no caer en esta terrible categoría: si no adoramos al dios de nuestros propios deseos, ni nos orgullecemos de aquello que debería avergonzarnos y dejamos de pensar en las cosas de esta tierra, tenemos garantizado que no nos convertiremos en enemigos de la cruz. 

Yo creo que todos nosotros hemos estado en una fiesta en la que hay un dj muy animado que dice cosas como: «Todos pa adelante» o «alcen las manos los solteros» y ahí van todos, solteros o no, cansados quizá, para adelante y levantan las manos. Nadie siente el más mínimo bochorno, no les preocupa quién pueda verlos o juzgarlos. 

Ayer mi ciudad se sumó al Día Nacional de Oración, fuimos muchos los que nos congregamos en un lugar céntrico para orar. El espacio que ocupamos estaba rodeado por gradas y había una gran explanada. En la explanada se encontraba un grupo y en las gradas otro. Sin embargo llegó un punto durante el evento en el que las personas de ese segundo grupo no hacían nada, sólo observaban. ¿Sentían pena? 

No lo sé, Dios lo sabe. 

Pero lo cierto es, que muy seguramente si el contexto fuese distinto. Y el dj de la fiesta dijera: «¿Dónde está el grito de las mujeres?», quizá habrían gritado. 

Lo cierto es, que me pareció un gran ejemplo para aplicarlo al versículo que estudiamos hoy. ¿Cuáles son las cosas que me dan vergüenza? ¿Me enorgullezco de aquello que debería avergonzarme? 

Eso sí lo sé y Dios también. 

Tal vez hemos pasado ya tanto tiempo aquí, que nos acostumbramos mucho a esta tierra y pensamos solo en cosas que tienen que ver con lo material y superficial, nos preocupan y ocupan vergüenzas totalmente pasajeras y nos enorgullecemos de aquellas cosas que deberían despertar en nosotros toda la pena del mundo. 

Reflexionemos en esto y recordemos que la recompensa de cambiar estas acciones incorrectas es muy grande: recibiremos la ciudadanía celestial y compartiremos con Cristo la eternidad.

Miriam Flores
Web máster del sitio porfirioflores.org. Me gusta escribir y servir al Señor a través de los medios de comunicación. Por su gracia soy lo que soy. Oaxaca para Cristo.

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