La Biblia dice en Deuteronomio 33:29

“Bienaventurado tú, oh Israel. ¿Quién como tú, pueblo salvo por Jehová, escudo de tu socorro y espada de tu triunfo? Así que tus enemigos serán humillados y tu hollarás sobre sus alturas.”

Las últimas palabras de Moisés antes de morir en el monte Nebo, en una cumbre llamada Pisga, son registradas por el libro de Deuteronomio y en ellas encontramos una postrera bendición a la nación hebrea de parte del legislador y líder del pueblo de Dios antes de partir de este mundo.

En primer lugar les llama dichosos, felices y contentos por haber sido escogidos como pueblo de Dios. Ninguna otra nación de las cientos que hay que este mundo puede reclamar para sí este privilegio. Esa prerrogativa es exclusiva de Israel. Fueron ellos a los que el Señor eligió para preservar su nombre en este oscuro mundo.

En segundo lugar, Moisés resalta que ellos fueron salvados de la ignorancia espiritual al conocer de primera mano al Creador del cielo y de la tierra. No tuvieron que estar tanteando como muchos otros pueblos para conocer la verdad. Ellos la conocieron desde casi la fundación de este mundo.

En las palabras que les dirigió también sobresale su destino en esta tierra: pelear con uno y mil adversarios que surgirán de tiempo en tiempo y en cada generación. Por eso les dice que el Señor será su escudo y espada de triunfo ante la violencia con la que serán tratado por muchos.

Israel ha sido justamente ese pueblo privilegiado por la adopción divina, pero también ha sido el espejo de todos los creyentes del resultado de conocer a Dios: persecución, violencia y tribulaciones que acompañan a quienes depositan su fe en Dios. A Israel lo han tratado de aniquilar, pero nunca han podido.

Las promesas que acompañan las últimas palabras de Moisés a su pueblo son en verdad esperanzadoras: los enemigos de Israel serán humillados y la nación caminará sobre ellos. En otras palabras no podrán nunca contra el pueblo de Dios.

Que dicha es saber que Dios respalda a su pueblo. Que alegría saber que nuestros adversarios serán derrotados. Pero sobre todo que infinito gozo saber que la victoria está asegurada que nada debe preocuparnos, sino solo obedecerle porque él se encargará de todos aquellos que nuestro mal desean.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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