La Biblia dice en Salmos 138: 7

“Cuando me encuentro en peligro, tú me mantienes con vida; despliegas tu poder y me salvas de la furia de mis enemigos.”

El mayor peligro que una persona puede experimentar ocurre cuando otra persona ha determinado y decidido hacerle daño. La maldad humana no conoce límites y cuando un hombre o una  mujer tienen como objetivo dañar a su prójimo, no hay poder humano que los pueda detener. 

A lo largo de su vida, David enfrentó a esta clase de enemigos. Goliat fue uno de los primeros. El paladín filisteo tenía toda la intención de acabar con David cuando se enfrentaron, pero la ayuda divina salió en auxilio del jovencito David. Luego fue Saúl quien lo persiguió encarnizadamente para destruirlo.  

Ni que decir de los pueblos que rodeaban a Israel. Todos ellos buscaban derrotar y matar al al monarca judío, quien por cierto es el autor de este salmo que nos habla sobre los planes irrevocables del Creador, en el que David derrama su corazón para recordar que Dios es el que lo ayuda en el peligro a causa de la furia de sus enemigos. 

El dulce cantor de Israel nos dice que ante esa clase de peligros por el enojo de nuestros adversarios el único que puede ayudarnos es Dios porque despliega su poder para salvarnos de la muerte que buscan quienes están molestos con nosotros a causa de nuestra vida piadosa y reverente al Señor. 

David estuvo a punto de morir por causa de sus enemigos, pero Dios siempre se las arregló para salvarlo. Decenas de batallas, muchos enemigos y grandes desafíos no pudieron arrebatarle la vida y murió en paz en la cama de su casa porque Dios había determinado y planeado que lo protegería y cumplió su promesa.

David es un ejemplo para nosotros a la hora de enfrentar a nuestros adversarios. Dios siempre ha cuidado de nuestras vidas y lo hará. Por más enfurecidos que estén, el Señor ha de encontrar siempre la salida para que ante ellos salgamos ilesos y podamos alabar a nuestro buen Señor con alegría. 

La vida es un don del cielo y debe utilizarse para servir a Dios. De esa forma garantizamos que Dios atienda nuestras suplicas cuando estamos en grave peligro y corramos el riesgo de perder la vida. Si hemos de vivir ha de ser para servir a Dios, si vivimos solo para nosotros qué caso tiene la vida. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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