La Biblia dice en Mateo 9:17

“Ni tampoco se echa vino nuevo en cueros viejos, porque los cueros se revientan, y tanto el vino como los cueros se pierden. Por eso hay que echar el vino nuevo en cueros nuevos, para que así se conserven las dos cosas.”

A la pregunta de por qué los discípulos de Juan y los propios fariseos ayunaba de manera constante y los suyos no, Jesús les pone a los que tenían esa duda tres ejemplos: el primero que no pueden ayunar los que están en bodas, segundo nadie pone un retazo nuevo en un vestido viejo y el tercero: el vino nuevo se guarda en odres o cueros nuevos.

De esa forma el Señor se colocaba como la nueva manera en que toda la humanidad se habría de relacionar con el Creador, incluidos, por supuesto, los propios hebreos. Jesús se convertía de esa manera, en sus propias palabras, en la última y definitiva revelación divina al mundo y eso merecía una celebración porque era algo que debía festejarse, celebrarse.

Y el ejemplo de vino nuevo en odres nuevos tiene la connotación de la necesaria renovación que necesitaba el pueblo hebreo en su fe. Requerían, y requieren aun hoy en día, sacudirse la tradición, formalismo y legalismo en el que había convertido la fe que Dios les había entregado a través de la ley mosaica.

Jesús estableció una gran diferencia entre lo nuevo y lo viejo. Lo incompatible de lo novedoso con lo antiguo y se refería no solo a su mensaje, pero también a su persona. El no era un maestro o rabino más con un mensaje anquilosado, en realidad era y es la palabra encarnada para mostrarnos el verdadero camino a Dios.

Y así como era un desastre reparar un vestido viejo con un pedazo de tela nueva y poner vino nuevo en odres viejos así de la misma forma colocar a Jesús en una religión o colocar el formalismo y legalismo a su persona era una gran equivocación. Era necesario que los discípulos entendieran que Jesús es incompatible con una religión.

De esa forma trató que los fariseos y los propios seguidores de Juan se sacudieran la idea de que el vendría a sumar más mandamientos humanos y exigencias religiosas, sino más bien centraba la naciente en fe en Jesús como un acto espontaneo, fresco y sin necesidad de obligar a las personas a cumplir con ordenanzas de carácter religioso.

Jesús quiere seguidores que se centren en su persona, no lo que gira alrededor de ella. Jesús quiere que centremos nuestros ojos exclusivamente en lo que es y no lo que los hombres crean alrededor de su vida y obra. En otras palabras Jesús quiere un relación y no una religión en la que lo más importante es el esfuerzo humano que la gracia suya.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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