La Biblia dice en Juan 8: 59

“Entonces ellos tomaron piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo.”

Los fariseos y escribas y la clase sacerdotal junto con los intérpretes de la ley estaban sumamente fastidiados no solo con los milagros que Jesús hacía sino con su predicación y enseñanza porque cuando querían confrontarlo no podían resistir sus argumentos y aseveraciones sobre quien era él. 

Acostumbrados a ejercer sobre todos los hebreos una especie de dominio y control basada en la religión que defendían a capa y espada quedaron grandemente desconcertados cuando Jesús explicaba una verdad del Antiguo Testamento que ellos tenían conceptualizada de una manera que consideraban inamovible. 

Justamente cuando Jesús les reprochó llamarse o decirse hijos de Abraham sin tener la clase de fe que el patriarca tenía, ellos se molestaron muchísimo cuando les expresó que por sus obras en lugar de ser descendientes del padre de la fe, en realidad eran hijos del diablo porque mentían y querían matarlo como ese personaje ha sido en toda su existencia.

Eso fue suficiente para querer lapidarlo y cortarlo de este mundo de tal manera que Jesús tuvo que esconderse y salir del templo donde ocurrió la discusión entre ellos con lo que quedó de manifiesto que ellos estaban decididos a todo y no tendrían ninguna clase de consideración con ese predicador al que las multitudes seguían. 

Este pasaje en la vida de Jesús que nos relata Juan es muy esclarecedor sobre la clase de presión que vivió Jesús en Jerusalén con la clase religiosa de su tiempo ya que nunca fue bien visto, siempre se le consideró un peligro para su status quo, siempre se le vio como un Maestro capaz de derrumbar su frágil sistema y eso no se lo podían permitir. 

La violencia fue su respuesta contra Jesús. Primero violencia verbal, luego violencia física para detener sus enseñanzas y mostrar al pueblo que en realidad era un rebelde, sin saber que a partir del judaísmo estaba por nacer un movimiento de dimensiones insospechadas en este mundo. 

Jesús aceptó esa realidad, siguió con su ministerio a pesar de que sabía perfectamente que un día ellos lo tendrían a su merced y harían con él lo que les placiera mostrándonos que ante la adversidad lo única que resta es seguir y encomendarnos a la santa piedad para cumplir con el plan de Dios. 

A Jesús lo intentaron apedrear porque lo que enseñaba resultaba molesto ya que confrontaba la conducta con lo que se decía y hacía y eso para muchos resulta inaceptable. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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