La Biblia dice en Salmos 84: 1

Cuán amables son tus moradas, oh Jehová de los ejércitos.

La palabra amable que usa el salmista en este verso procede del vocablo hebreo “ma-yedidót” que en el Antiguo Testamento se traduce como “cuán amado” o “qué hermoso” para referirse a algo o alguien que resulta muy importante para la persona que lo ve, lo mira o lo tiene y si no lo tiene hace algo por poseerlo.

El salmo ochenta y cuatro es un salmo dedicado a la casa del Señor, el templo o el lugar de su morada. Justamente la palabra morada procede del vocablo hebreo “mishkenotejá”, que es el plural de “mishkan” o tabernáculo que algunas versiones vierten como tienda o morada. Por esa razón se traduce como moradas en la RV60.

El Señor habita entre su pueblo. Esa es la idea del salmista: retratar a un Dios cercano que vive en medio de sus hijos y por esa razón donde él habita es un lugar amado o hermoso. Amable traducen algunas versiones para subrayar el carácter que debe tener para los hijos de Dios la presencia de Dios.

Los adjetivos amables, amado o hermoso para referirse la lugar de la presencia del Señor es una forma de mostrar que acercarse al Señor debe constituir una experiencia agradable, debe representar una oportunidad de pasarla de manera inmejorable y no padecer o sentirse obligado o por una imposición.

Todo lo contrario, a las moradas del Señor hay que acudir con la expectativa que nos relacionaremos con su persona y eso traerá grandes beneficios a nuestra vida, principalmente porque al encontrarnos con el Creador nuestra alma descansa en la paz que irradia su presencia.

Para los hijos de Coré que fueron los autores de este salmo, la casa del Señor fue un lugar donde experimentaron dicha, confianza, alegría y la enorme posibilidad de alejarse de las moradas del maldad porque esa siempre será la disyuntiva: si nos son las amables moradas del Señor serán los lugares donde el mal se practica cotidianamente a donde terminaresmo morando.

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