La Biblia dice en Jeremías 10: 24
Corrígeme, Señor, pero hazlo con medida, si no tu cólera acabaría conmigo.
La palabra “corrígeme” que usa la versión Biblia La Palabra proviene de la raíz hebrea “yasar” que en el Antiguo Testamento se emplea en dos sentidos: castigar de manera literal con golpes o figuradamente con palabras y también se utiliza como instruir. La mayoría de las versiones opta por la primera y por eso algunas emplean castígame.
El profeta Jeremías se está poniendo del lado del pueblo como si él fuera la nación judía y le suplica al Señor que sea castigado, disciplinado, corregido, instruido y sancionado ya que reconoce sus graves y sus inexcusables pecados delante de Dios, a fin de que la mano de Dios no sea violenta por su enojo.
El vidente de Dios escribe esta petición ante el Señor para recordarnos que es mejor llegar ante el Creador admitiendo nuestros yerros, equivocaciones, maldades y pecados porque cuando él decide actuar para sancionar nuestra conducta equivocada lo hace con fuerza.
Jeremías conocía perfectamente a Dios. Sabía su forma de actuar ante la rebeldía y obstinación por eso se acerca al Señor para rogarle que si lo corrija, pero que lo haga con medida. La palabra medida que emplea aquí el texto procede del vocablo hebreo “mishpat” que es un término legal relacionado con la justicia.
Se trata de un vocablo que se traduce sencillamente como una sentencia donde se le da a una persona lo que sus actos merecen. Por eso, Jeremías pide que Dios sea benévolo con el pueblo de Israel para que su cólera no reduzca a Israel en una nación extinguida.
Las palabras del vidente nos ayudan a comprender la naturaleza del Señor y nos permiten recapacitar para cambiar nuestra conducta pecaminosa para pedir por un trato compasivo ante nuestras maldades que nos hacen ofender a nuestro bendito Padre celestial.




