La Biblia dice en Salmos 37: 4
Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón.
El salmo treinta y siete fue compuesto por David en la etapa final de su vida. Es como un testamento o legado de un hombre que amó a Dios con todo su ser y que se equivocó como todo ser humano, pero supo recompener y al final de su existencia escribió esta pieza extremadamente útil para todos aquellos que luchan por el bien.
David enfrentó enemigos gratuitos, gente a la que le había hecho ninguna clase de maldad, pero que lo odió como si los hubiera afrentado o hecho algo contra ellos de tal manera que fue perseguido, calumniado y detestado por un sinfín de personas a las que ni siquiera había tratado.
En este salmo nos dice como enfrentar ese tipo de personas. Nos pide no nos desesperemos por esta clase de personas. Y en el verso que meditamos nos pide algo sumamente alcanzable: deleitarnos, disfrutar al Señor, regodearnos de su presencia y poner como fuente de nuestra alegría a Dios.
Frente a la maldad creciente y frente a los malvados que deponen contra nosotros la recomendación no es enfrentarlos directamente, ni tampoco atacarlos, sino sencillamente ir a Dios para que él sea quien se encargue de los adversarios que nos dañan.
Se trata de una recomendación atendible y que nos auxiliará grandemente a la hora de no saber que hacer frente a quienes se proponen y ejecutan acciones para dañar nuestra vida. David sabe que un corazón lleno de la presencia de Dios será atendido por Dios y no pedirá nada que contrarie la voluntad del Señor.
Deleitarse en el Señor es un llamado para todos cuando nuestros enemigos parecen multiplicarse y parece que nos van ganando en la batalla; no enfrentarlos o responderles con la misma moneda. Es una forma de recordar que Dios se encargará de ellos.
A nosotros nos toca disfrutar a Dios con todo el corazón, de nuestros enemigos él se encargará siempre con la sabiduría que lo caracteriza. Al deleitarnos en el Señor las peticiones de nuestro corazón serán atendidas.




