La Biblia dice en Hechos 10: 28
Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero; pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo.
El judaísmo del tiempo de Jesús se encerró. No hizo proselitismo, al contrario los extranejeros eran vistos como idólatras y paganos. Esa era su categoría y ningún hebreo los bajaba de esa condición y en consecuencia no eran bien vistos y era una afrenta mayúscula relacionarse con ellos.
Pedro lo reconoce abiertamente cuando se reúne con el centurión romano Cornelio al que visita en su casa luego de una estremecedora y convincente revelación sobrenatural que Dios le da a su apóstol para que cambie su pensamiento respecto a los gentiles.
Era una modifición sustancial en el pensamiento de los cristianos judíos que albergaron por mucho tiempo la idea de que el evangelio al igual que la Torá hebrea era patrimonio exclusivo de la nación israelita, concepto que fue corregido de una manera extremadamente clara por el Señor.
La razón de este cambio o transformación radicaba en que la salvación en Cristo era y es universal y esa verdad tenía y debía modificar la forma en que las personas que llegaban a la iglesia debían de verse: iguales, con los mismos derechos y las mismas obligaciones. En la iglesia nadie es más ni nadie es menos.
Pedro tuvo que cambiar su forma no solo de percibir a los no judíos, pero esencialmente a transformar el trato que les daba. Tuvo que pasar de verlos como seres abominables a verlos como personas necesitadas de la salvación de manera idéntica que cada uno de los judíos.
Jesús trabajó en el corazón de este discípulo para que pudiera aprender a ver a sus semejante como seres humanos, como personas que tienen una historia y que Dios podía salvarlos y redimirlos. No era algo menor, sino un asunto revolucionario porque abría la puerta a la igualdad en un mundo donde las desigualdades parecían normales.
El cristianismo nace como un credo que hace iguales a todos. Que las diferencias raciales, económicas y de cualquier otra índole jamás deben estar por encima del amor que debemos tener unos con otros.




