La Biblia dice en Lucas 1: 18
¿En qué conoceré esto?
Esta fue la pregunta con la que Zacarías, padre de Juan el Bautista, respondió al ángel Gabriel que le anunció que tendría un hijo de su esposa Elisabet y también fue la causa por la cual quedó mudo por nueve meses aproximadamente por no haber creído al anuncio que escuchó.
El relato que Lucas hace de los pormenores de los protagonistas de la historia de la salvación es muy interesante y aleccionador porque nos presenta hombres y mujeres de carne y hueso con dudas e interrogantes que nos podríamos hacer cualquiera de nosotros, pero también nos permite ver a un Dios que sanciona la incredulidad.
Zacarías, Elisabet, José y la propia María estaban a punto de vivir momentos sobrenaturales en su vida y Dios quería que todos ellos estuvieran listos para hacer honor al Señor que, según leemos en la Escritura, hace prodigios y maravillas que van contra toda lógica.
El padre de Juan el Bautista supo que sería papá, pero cuando se enteró se preocupó más o se centró más en su realidad o su condición física. Estaba anciano, su esposa también, además de que ya no había posibilidades desde el punto de vista humano para que ellos pudieran convertirse en padres.
Zacarías vio su condición, se concentró exclusivamente en sí mismo. Olvidó que Dios no tiene ninguna clase de límite para obrar. No se acordó que Dios da vida cuando le place y entonces cuestionó como sería eso, en otras palabras, le dijo a Dios que eso no era posible.
Lo acontecido a este hombre nos muestra grandes lecciones. La primera es que Dios sabe nuestra condición. El Señor se percata de nuestros anhelos y los materializa cuando considera que es oportuno. También que Dios sabrá arreglarselas para hacer o suplir lo que necesitamos.
Dios no tiene limitaciones. Nosotros sí. Pero debemos entender que nuestras limitaciones no deben acotar o empequeñecer a nuestro gran Señor. De lo contrario nunca podremos hablar de su grandeza.




