Cuando somos los únicos maltratados
I. Maltratados con hambruna
II. Matratados con muerte
Lamentaciones 2: 20
Resh
Mira, oh Jehová, y considera a quién has hecho así. ¿Han de comer las mujeres el fruto de sus entrañas, los pequeñitos a su tierno cuidado? ¿Han de ser muertos en el santuario del Señor el sacerdote y el profeta?
Introducción
Los judíos miraron a su alrededor y también consultaron a la historia para saber que nación había sido tratada así por sus dioses y descubrieron que nadie había padecido una clase de escarmiento como la que ellos estaban experimentando, lo que los llevó a preguntarle al Señor a quién has hecho como nos has hecho a nosotros.
Los hebreos vivieron muchas experiencias dolorosas que trae consigo una invasión militar como la que encabezo Nabucodonosor y vieron con dolor dramáticos episodios de la cruelda de los babilonios que lo mismo destruyeron el templo, que derribaron los muros de la ciudad y se llevaron cautivos a muchos a Babilonia.
La guerra es así: deja una estela de sufrimientos y padecimientos inimaginables para todos los que la viven y en el caso del verso que en esta ocasión reflexionamos encontrarmos dos situaciones o circunstancia pavorosas de la guerra: hambruna y mortandad.
Es un hecho que en todas las guerras ocurren estas dos experiencias, sin embargo en el caso hebreo la hambruna llevó a los israelitas al canibalismo y una mortandad que mató a sus intermediarios entre Dios y ellos, lo que supone una perdida irreparable para una nación que fue elegida por el Señor.
I. Maltratados con hambruna
Una parte del texto que estudiamos en esta ocasión dice así a modo de pregunta: ¿Han de comer las mujeres el fruto de sus entrañas, los pequeñitos a su tierno cuidado?
La situación en una conflagración bélica es tan compleja que la falta de alimentos lleva a la inanición, sin embargo en otras para paliar la necesidad de comer algunas personas incurren en el canibalismo, pero el de los judíos fue extremo porque las mamás se comían a sus hijos.
Es posible que para muchas personas sea exagerado o impensable que haya ocurrido entre los sitiados una situación como esta, pero la realidad es que sí sucedió por eso Jeremías escribe al respecto con la intención de que comprendamos lo terrible que resultó para los hebreos la invasión babilónica.
La descripción que hace el profeta nos lleva a pensar y considerar que las mamás llegaron a un punto en el que se olvidaron de su maternidad compasiva y amorosa y en lugar de cuidar y proteger a sus hijos aún muertos, lo que hicieron fue comerselos ante la falta de sustento.
II. Maltratados con muerte
La última parte de nuestro verso que meditamos dice de la siguiente manera: ¿Han de ser muertos en el santuario del Señor el sacerdote y el profeta?
Los babilonios se burlaron de los hebreos al matar a sus sacerdotes y profetas en el templo. Podían haberles quitado la vida en otro lugar, pero escogieron precisamente ese recinto sagrado para hacerles sentir que su Dios no podía hacer nada por ellos porque no era real.
Se trataba de una exhibición de fuerza y poder, pero, sobre todo, de resaltar que sus dioses eran más fuertes que el Dios de Abraham, Isaac y Jacob. Era una forma de expresar su superioridad, su autoridad y dominio sobre una nación que se había olvidado de Dios y ahora pagaba sus culpas.




