Cuando ocurre lo que tanto tememos
I. De una manera insospechada
II. De una manera estremecedora
Lamentaciones 2: 22
Tau
Has convocado de todas partes mis temores, como en un día de solemnidad; y en el día del furor de Jehová no hubo quien escapase ni quedase vivo; los que crie y mantuve, mi enemigo los acabó.
Introducción
Los judíos sabían que Dios castigaba. Ellos conocían bien las historias de Sodoma y Gomorra. Pensaban que eso sucedió porque eran paganos y ellos el pueblo de Dios. Sabían que Dios sancionó a Coré y los rubenitas que se rebelaron contra Moisés. Ni como decir que no sabían lo que pasó con Nadab y Abiu y las serpientes del desierto.
Pero nunca llegaron a dimensionar el tamaño de la disciplina que el Señor descargaría sobre ellos, aunque muchos profetas se lo advirtieron. En las Lamentaciones de Jeremías encontramos la descripción de un pueblo azorado, atónito, pasmado, lleno de estupor ante los acontecimientos provocados por la invasión babilónica.
En este verso, Jeremías describe pefectamente lo que vivieron los hebreos: todo los miedos que tenían que ocurrieran, sucedieron. De pronto todas las cosas que los atemorizaban en su mente se materializaron y quedaron sorprendidos de verse en una situación que jamás pensaron que llegaría.
El sufrimiento fue, no solo inesperado, sino también inconcebible. A nada estuvieron de la exintición. De no haber sido por Dios, de los judíos solo tendríamos su historia, pero el Señor se apiadó de ellos y los conservó no sin padecimientos y dolores a causa de su pecado.
En la última letra del alfabeto hebreo, el profeta Jeremías establece como la ruina espiritual materializa los grandes miedos que nos acompañan en esta vida ya que se hacen realidad cuando se le da la espalda al Creador.
I. De una manera insospechada
El verso que meditamos dice en su primera parte: Has convocado de todas partes mis temores, como en un día de solemnidad.
El arribo de las desgracias posibles que puede enfrentar un ser humano llegaron al pueblo de Israel como si se tratara de una fiesta o celebración porque fue llamada, no llegó sola y segunda vino de todas partes como si se tratara de un llamado a todos por todas partes.
La comparación la entendían perfectamente los judíos porque la Torá hebrea establece como santas convocatorias las celebraciones de pascua, pentecostés y tabernáculos, entre otras, y de todos los lugares salían para acudir y de pronto la ciudad de Jerusalén estaba llena.
De idéntica manera los males que tanto asustaban en su mente a los israelitas llegaron y llenaron la ciudad. Su templo fue destruido, sus habitantes fueron asesinados, la inmensa mayoría de quienes no murieron fueron exiliados y la ciudad quedó destruida e inhabitable.
II. De una manera estremecedora
Jeremías describe los sinsabores de los hebreos de la siguiente manera: y en el día del furor de Jehová no hubo quien escapase ni quedase vivo; los que crie y mantuve, mi enemigo los acabó.
Los judíos quedaron sin escapatoria, sin sobrevivientes y casi exterminados como un profundo fracaso luego de que Dios se ocupó tanto de ellos para liberarlos de Egipto y llevarlos a la tierra prometida, pero su rebeldía y desobediencia los aniquiló de una manera brutal.
El gran pecado de Israel fue despertar la ira del Señor. El enojo del Señor trae consecuencias estremecedoras porque deja que los enemigos de su pueblo se señoreen sobre su nación de tal forma que nadie escapa ni queda vivo ante sus azotes y castigo.


