Porque Cristo es Rey
I. Tiene un reino eterno
II. Tiene un reino justo

Hebreos 1: 8

Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; cetro de equidad es el cetro de tu reino.

Introducción

Para comprender este verso es indispensable dirigirnos al salmo cuarenta y cinco porque los versos de Hebreos 1: 6-7 fueron tomados de ese canto, que fue escrito por los hijos de Coré, y tiene como contenido principal la celebración de una boda, presumiblemente de algún hijo ya sea de David o de Salomón o del propio Salomón.

En ese canto se destaca la clase de reino que tendrá la dinastia Davídica: un reinado con dos virtudes o dos características: su eternidad y su equidad y el autor de la carta a los Hebreos la aplica abierta y directamente a Jesucristo para presentarlo como Hijo superior a los ángeles.

La palabra Hijo la emplea en varias ocasiones en su introducción del capítulo uno de la epístola. Lo hace en cuatro ocasiones: en el verso uno, en el verso cinco dos veces y en este verso que estamos meditando. Los ángeles están supedidatos en relación con Jesús porque son criaturas diseñadas para servir, Cristo, en cambio, es Rey.

El autor de la epístola a los Hebreos identifica claramente a Jesús como el soberano del que se habla en el libro de los Salmos 45. No lo duda, ni lo pone en entredicho, lo afirma y lo asegura para hacerle ver a sus lectores el reinado de Cristo a través de dos elementos: el trono y el cetro.

I. Tiene un reino eterno

La frase: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo, es una oración que revela indudablemente la clase o calidad del reino que se le adjudica al Señor Jesucristo, un reino eterno, sin principio y sin fin, sin ninguna clase de medida de tiempo en constraste con el reino de David que duró apenas cuarenta años.

La palabra tronos es una trasliteración del griego al español. Es decir, la palabra paso igual del griego al español es thronos y significa asiento, silla alta o asiento señorial para dioses y monarcas. Al usarse con referencia a Cristo lo está ubicando como Rey soberano de este mundo.

Evidentemente, ningún ángel alcanza esa posición, por más poderoso que sea o fuerza que tenga, jamás podra alcanzar esa categoría o nivel, lo que conv ierte a Cristo en un ser superior a todos los ángeles y esa superioridad le viene por estar sentado en su trono como Rey.

La frase por el siglo del siglo es traducido de diferentes formas en otras versiones como “para siempre” y “eterno”. La palabra siglo procede del griego “aión”, que en la cultura griega representa el tiempo eterno, la duración ilimitada de la vida o una era sin principio ni fin.

El trono o reino de Cristo es eterno, no tiene principio ni tiene fin. No podemos retroceder porque frente al Rey eterno, nuestro paso por este mundo es efímero, corto, breve frente al reino eterno que hemos de compartir con Cristo.

II. Tiene un reino justo

El autor de la carta a los Hebreos hace la siguiente afirmación: cetro de equidad es el cetro de tu reino para expresar una de las fascinantes disticiones del reino que Cristo encabeza.

La palabra equidad es traducida de diversas formas en otras versiones: en algunas la vierten como “justicia”, en otras como “equidad” y “rectitud”. El témino procede de la palabra griega “euthutés” que la cultura griega significa rectitud, equidad, integridad o rectitud moral.

El reino que preside Cristo no es un reino como los del mundo donde lo torcido o desviado brota aun cuando los gobernantes se esfuerza por parecer éticos o respetuosos de la ley que enmarca su actuar. En un mundo donde una y otra vez los gobernantes fallan el reino de Cristo resalta porque es recto.

En el reino de Cristo se le da a la personas lo que merecen. En el reino de Cristo no hay simulaciones, es decir, el que hace bien es tratado con benevolencia, pero el que se empeña en hacer males es tratado de esa misma forma.

No podemos ni debemos retroceder porque el reino de Cristo es un gobierno supeditado a retribuir de manera equitativa, igualitaria y justa a quienes viven para servirle y adorarlo.

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