Porque Cristo es el origen de todo
I. Cristo creó la tierra
II. Cristo creó los cielos
Hebreos 1: 10
Y: Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos.
Introducción
El tema de la creación es retomado en la carta a los Hebreos para argumentar la necesidad de perseverar tomando como referente uno de los eventos más prodigiosos y milagrosos que podemos tener los que hemos decidido crer en el Señor: el Señor creó de la nada el mundo que vemos frente a nosotros.
La Bibia comienza con esa afirmación: En el principio creó Dios los cielos y la tierra y el autor de la misiva que estamos estudiando nos lleva a ese punto para recordarnos en primer lugar que fue Cristo el origen de todas las cosas comenzando por los colosales cielos y la imponente tierra.
Cita, de nueva cuenta un salmo, en esta ocasión hace referencia del Salmo 102: 25. De hecho los versos diez, once y doce del primer capítulo de la carta a los Hebreos son cita textual de ese canto compuesto como podemos leer en su inscripción “oración del que sufre, cuando está angustiado, y delante de Jehová derrama su lamento.”
El Espíritu Santo dirigió al autor de la carta para citar ese texto que nos servirá para meditar sobre el tema de la creación como una razón para seguir caminando en la fe que abrazamos y no desmayar ni tampoco dejar de profesar nuestras convicciones cristianas.
Cristo participó en la creación de una manera particular que es declarado Creador en el texto que meditamos. El poder que tiene es inmenso. No es un maestro más. Al contrario es un Dios mismo, muy, pero muy, superior a los ángeles.
I. Cristo creó la tierra
La cristología bíblica nos recuerda que Cristo no comenzó a existir cuando se hizo hombre en Jesús. Él estaba mucho antes de todo lo que ahora nuestros ojos pueden ver. La palabra en el principio que usa el verso que meditamos procede del greigo “arche” o “arje” que es la misma expresión de Juan 1: 1 que dice:
En el principio era el Verbo y el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios.
Colosenses 1: 16 dice:
Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.
La tierra no es un accidente, ni el resultado de una gran explosión, como tampoco es producto de una evolución. La tierra fue fundada. La palabra fundada en hebreo es yasad que se traduce como establecer como poner simientos y en griego procede del vocablo “themelios” que significa base sobre la cual se edifica un edificio.
La tierra fue cimientada para no moverse del lugar donde Dios la ubicó y así ha sido desde que fue creado.
II. Cristo creó los cielos
Los cielos son obra de tus manos, dice tanto el texto en hebreo como en griego. La palabra obra procede del vocablo en lengua griega es “erga”, que da luz a la palabra sinergia que tienen como origen la expresión trabajar, acción, tarea.
Cuando la carta a los Hebreos dice que los cielos son obra de las manos del Señor nos remite a unos de los poderosos hechos descritos tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo: Cristo es Creador de todo lo que hay en este mundo, incluyendo el imponente firmamento.
La labor de Cristo es impresionante cuando vemos los inmensoso cielos, cómo no podrá con nuestras cargas para seguir adelante y no retroceder en esta carrera a la que hemos sido llamados.




