Para conocer los límites de la vida
I. Los límites a través de su estatuto
II. Los límites a través de su palabra

Proverbios 8: 29

Cuando ponía al mar su estatuto, para que las aguas no traspasasen su mandamiento.

Introducción

El mar representa el setenta y uno por ciento de la superficie de la tierra, es decir, solo el 29 por ciento del planeta corresponde a tierra firme, incluyendo tanto a los continentes como a las islas. Al hablar del mar y los océanos estamos hablando de una parte sumamente extensa del globo terráqueo.

Y la Sabiduría nos dice con toda claridad que ella estaba allí cuando se decidía el tamaño de esa parte de la creación y sobre todo sus límite para que no se desbordaran sobre la tierra y destruyeran la existencia humana estableciendo muy claramente sus restricciones frente a la tierra seca.

Aprovecharemos esa idea de límites y restricciones para meditar sobre la necesidad que los seres humanos tiene para que su conducta y acciones sean reguladas mediante dos conceptos que usan los sabios de Israel en este verso: estatuto y mandamiento.

Estas dos palabras parecen significar lo mismo, pero cuando las estudiamos a fondo descubrimos que tienen connotaciones distintas y que su relación estriba cuando se relacionan con lo que Dios pide y demanda para su pueblo por lo que resulta interesante y edificante su estudio.

Partimos de la idea de que el mar tiene limites para que no desborden la tierra y causen estragos como lo hemos visto en los últimos años con los tsunamis que han devastado pueblo enteros dejando una estela de muerte y destrucción.

I. Los límites a través de su estatuto

La palabra estatuto procede del vocablo hebreo choq o jok que algunas biblias traducen como decreto. Etimológicamente el vocablo literalmente significa “grabar”, es decir dejar marcado algo para que no se olvide, ni se pierda o para que nadie pueda cambiarlo.

Y justamente esa es la idea de estatuto: algo que fue dicho por Dios y que no cambiará aunque no lo comprendamos o no entendamos.
Siguiendo el ejemplo del mar no podemos explicar cómo es que no se desborda, pero la Escritura nos dice que Dios le ordenó que no se saliera de su lugar y para ello le dio un estatuto o un decreto para que se abstenga de salir del lugar que le ha sido asignado en la naturaleza.

Los estatutos son ordenes de Dios que tal vez no comprendamos, quizá no tengan lógica para nosotros, pero son sus instrucciones y debemos cumplirlas muy a nuestro pesar o aunque nos disgute no saber por qué Dios nos pide que hagamos algo que no comprendemos.

Hay cosas que Dios nos ordena y como no lo entendemos pensamos que no tiene sentido para nuestras vidas, pero los estatutos divinos tienen justamente esa naturaleza.

II. Los límites a través de su palabra

La palabra mandamiento que usa la RV1960 procede del vocablo “peh” que literalmente significa boca y por esa razón se traduce como mandamiento, pero no habría problema si lo traducen como palabra porque el vocablo tiene relación estrecha con lo que se habla.

Los límites que Dios establece los encontramos justamente en su palabra. Los seres humanos no podemos, bajo ninguna circunstancia, movernos a nuestro libre arbitrio porque hay muchas cosas que desconocemos, por ejemplo el futuro. Allí el Señor es amo porque su eternidad no lo confina solamente al pasado o al presente.

El mar escuchó la voz del Señor y obedece para no traspasar sus límites porque si lo hace es sumamente destructivo, como destructivo resulta para la vida del ser humano vivir sin restricciones.

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