Porque en Cristo podemos encontrar alegría
I. Una alegría sana
II. Una alegría inigualable
Hebreos 1: 9
Has amado la justicia, y aborrecido la maldad, por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros.
Introducción
En en Antiguo Testamento descubrimos que Dios ordenó que se ungieran a los sacerdotes y reyes y ocasionalmente a los profetas. El ungimiento tenía esencialmente como propósito confirmar el llamado y vocación de quienes alcanzaban una posición de servicio a Dios.
A ese concepto nos conduce el autor de la carta a los Hebreos en este versículo. Al continuar con la cita del salmo cuarenta y cinco, el escritor nos ofrece una verdad sobre la persona de Jesús para mostrar su superioridad ante los ángeles: el Señor fue ungido. La palabra ungido procede del vocablo griego Cristo.
Solo que en esta ocasión usa una figura literaria al decir que fue ungido con alegría ya que el ungimiento se hacía generalmente con aceite, pero al decir que fue ungido con alegría la intención es mostrarnos uno de los aspectos que no debemos perder de vista en la vida cristiana: vivir con alegría.
El cristianismo es un fe que tiene como uno de sus grandes beneficios que en medio de la tristeza y el dolor, el padecimiento y el sufrimiento podemos encontrar gozo y regocijo: Bienaventurados los que lloran porque ellos recibirán consolación, dijo Jesús en el sermón de la montaña. En otras palabras, dichosos los que padecen.
Y justamente hacía ese tema nos va a llevar al autor de la epístola, convencido de que sus lectores y nosotros debemos recordar que la vida cristiana tiene desafíos y retos que solo lo podremos superar si tenemos presente que aún Jesús con todos sus padecimientos fue ungido con alegría.
I. Una alegría sana
Citando el salmo cueranta y cinco el escritor de la misiva dice: Has amado la justicia, y aborrecido la maldad.
Algunas versiones dicen simplemente: Has amado el bien y odiado el mal. Pero justicia y maldad son dos concepto que si bien se relacionan con el bien y con el mal tienen aspecto que necesariamente tenemos que atender.
La frase amaste la justicia procede del griego “agapesas dikaiosunen”. La palabra amor procede de ágape, el tipo de amor más elevado que fileos y eros. Cristo amó incondicionalmente la justicia. Esa palabra es la misma que emplea cuando le dice a Juan el Bautista que es necesario cumplir toda justicia.
La palabra dikaiosunen tiene diversos significados en el Nuevo Testamento. En este verso se refiere a la rectitud, honorabilidad, honestida e integridad. Cristo vivió integramente, pero también aborreció la maldad. Esa frase procede del griego “emisesas anomian”, que literalmente se traduciría como odiaste la vida sin ley.
Estas fueron las dos actitudes que Cristo asumió para que Dios lo ungiera con óleo de alegría. Su compromiso fue tal que cuando el diablo le ofreció los reinos de este mundo los rechazó a pesar de que con ello libraría los padecimientos de la cruz. Nos queda claro que la genuina alegría viene de vivir una vida ajustada a las demandas de Dios.
II. Una alegría inigualable
El escritor de Hebreos dice en la segunda parte del verso que meditamos: por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros.
Como consecuencia de esa vida ajustada a la rectitud y rechazando tajantemente la existencia fuera de los preceptos divinos, Jesús fue ungido con óleo de alegría. La palabra ungido es una palabra que nos debe resultar común a nosotros porque es es la palabra en español para el término griego Cristo y para el término hebreo Mesías.
La alegría que viene de hacer lo que Dios nos pide, aunque a veces nos cueste trabajo y aunque padezcamos por ello, no tiene medida alguna y generalmente supera siempre a la alegría que los seres humanos podemos obtener. El placer de este mundo produce una alegría pasajera, pero la que nos da Dios es eterna.
El autor de la carta retoma del salmo cuarenta y cinco la frase más que a tus compañeros para dejar en claro que la alegría de Cristo fue genuina, auténtica y sobre todo inigualable.




