La Biblia dice en Hageo 1: 2

Así ha hablado Jehová de los ejércitos, diciendo: Este pueblo dice: No ha llegado aún el tiempo, el tiempo de que la casa de Jehová sea reedificada.

El exilio babilónico duró exactamente setenta años, tal como el Señor le dijo a su pueblo a través del profeta Jeremías y los judíos comenzaron su regreso a la tierra de la que fueron expoliados por el imperio de Nabucodonosor de una manera lenta, pero sostenida de tal manera que en unos cuantos años el bullicio de Jerusalén había vuelto.

Pasaron los días y los hebreos se asentaron en su tierra y comenzaron a rehabilitar sus casas, sus campos y todos sus bienes, sin embargo el templo no parecía tener prioridad para ellos. Todos ellos, incluídos su líderes y dirigentes estaban ocupados en sus cosas. 

Entonces, el Señor les habló a través del profeta Hageo para reprocharles este grave descuido porque al descuidar el santuario estaban mandando un mensaje claro: las cosas de Dios pueden esperar. Lo sagrado no es tan importante como sus proyectos personales. 

Con una rapidez pasmosa habían olvidado que fue Dios quien los hizo volver a su patria luego de siete décadas de ausencia y nadie tuvo la gentileza de agradecerle su salvación y su misericordia al hacerlos retornar luego de un largo tiempo fuera de su territorio donde vivieron como esclavos. 

Al pueblo de Israel le sucedió lo que ocurre en muchas ocasiones: los hijos de Dios tienen tantas y tantas ocupaciones que se olvidan de lo esencial. No recuerdan su compromiso con el Señor. Pierden de vista que las cosas divinas deben ser prioritarias pues nuestra existencia depende del Creador. 

El profeta Hageo les recordó que es absurdo o inaceptable que se pongan los intereses personales por encima de los cosas de Dios, pues a él se debe todo lo bueno y todo lo que necesitamos para subsistir en esta tierra. Dependemos de su gracia y amor, no de nuestra fuerza o inteligencia. 

Las prioridades de nuestro corazón revelan el lugar que Dios ocupa en nuestras vidas.

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