La Biblia dice en Gálatas 5: 1
Para libertad fue que Cristo nos hizo libres; por tanto, permaneced firmes, y no os sometáis otra vez al yugo de esclavitud.
La libertad es un bien fundamental en la vida de los seres humanos. Es tan importante y valiosa que cuando Dios puso a Adán en el Edén lo dotó de esa capacidad. El árbol de la ciencia del bien y el mal que puso en ese paraíso lo plantó no para probar al hombre para que cayera, sino para demostrarle que lo quería libre, sin ataduras.
Ser libre se convierte desde entonces en la más altas aspiraciones que el hombre puede tener en esta vida porque solo en la libertad el hombre puede alcanzar su propósito como criatura, de hecho su diseño o su ADN tiene como base vivir libremente en este mundo.
La muerte de Cristo tuvo como razón fundamental devolver al hombre la libertad que el pecado le arrebató. El sacrificio de Jesús tuvo como razón permitir al hombre recuperar la capacidad de decidir sobre su vida, de decir sí a lo que le beneficia y lo hace realmente hombre y no, a todo aquello que lo daña y lastima.
Cuando el apóstol Pablo escribe el verso que meditamos en esta ocasión tiene en mente uno de los más importantes y valiosos conceptos que la iglesia cristiana debe blandir o presumir: las personas o los creyentes deben vivir en libertad, jamás atados o subyugados a conceptos o ideas humanas, aunque provengan de la iglesia.
No malentienda, no quiero decir que la iglesia ata o esclaviza, me refiero más bien a ciertos líderes que se regodean en reducir a las personas en seres sin voluntad. La idea de Pablo es que los hijos de Dios puedan disfrutar la libertad que provien de la palabra de Dios.
Jesús dijo que la verdad nos haría libres. Y la verdad la encontramos en la Escritura, luego entonces, nuestra libertad se nutre y prevalece cuando nos sometemos a lo que la Biblia dice. No a mandamientos o preceptos humanos equivocados, que en lugar de liberar a las personas las someten.
La esclavitud nunca formará parte de la voluntad del Señor para los creyentes porque en ese estado la gente pierde la dignidad y queda al arbitrio sin capacidad de poder decidir en función de lo que el Señor establece en su palabra.
La libertad es el legado más precioso que recibimos de Cristo porque en libertad el hombre es feliz al poder hacer todo lo que quiere, pero también a rechazar todo aquello que no desea.




