La Biblia dice en Eclesiastés 9: 6

Más vale ver con los ojos que divagar con el deseo. Y también esto es vanidad y esfuerzo inútil.

El autor del libro de Eclesiastés ha resuelto presentar las contradicciones de la existencia humana sobre esta tierra, y al hacerlo sabe perfectamente que desencatará y provocará desasosiego e inquietud en sus lectores porque sus formulaciones son crudas y contundentes.

En el verso que en esta ocasión meditamos, el mentor nos dice con toda claridad que es más valioso todo aquello que se puede materializar frente a lo que podemos idealizar sin llegar nunca a ejecutarlo. Podemos, por ejemplo, soñar con ser buenos hijos, pero si no lo materializamos con buenas acciones para nuestros padres, no tiene niguna clase de provecho.

De esta forma, el autor del Eclesiastés nos deja en claro que en la vida se recompensa a quien piensa algo bueno y lo ejecuta, nunca se recompensará a quien solo lo piensa o imagina. Se trata de una recomendación sumamente valiosa para la vida porque nos hace pensar las cosas y luego ejecutarlas. No solo pensarlas.

Salomón observó que la naturaleza humana es muy proclive o está muy inclinada a esta clase de actitud inútil que no lo lleva a nada, sino solamente a imaginar lo que podría hacer si cambiara su estilo de vida y por eso lo llama vanidad, es decir, algo que no tiene sentido.

Es una tontería creer que con solo desear las cosas vendrán. Las cosas no vienen si solo se piensa en ellas, se debe trabajar con esfuerzo, dedicación y empeño para obtener los bienes o actitudes que deseamos para nuestras vidas. Nunca será de otra manera.

Salomón está retratando a hombres y mujeres que viven de la ilusión pensando que es suficiente para lograr sus metas, creyendo que con ello alcanzarán su realización y nos llama a poner el mayor de nuestros esfuerzos en lo que hacemos o a lo que nos dedicamos.

La ilusión no paga absolutamente nada, el trabajo sí.

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