Porque se experimenta un dolor intenso
I. Un dolor provocado por el castigo
II. Un dolor provocado por la separación
III. Un dolor provocado por la enemistad
Lamentaciones 3: 1-3
Alef
Yo soy el hombre que ha visto aflicción bajo el látigo de su enojo. 2 Me guio y me llevó en tinieblas, y no en luz; 3 Ciertamente contra mí volvió y revolvió su mano todo el día.
Introducción
A partir del capítulo tres el autor de libro de Lamentaciones agrupa en tres líneas cada letra del alfabeto hebrea de tal manera que las veintidós letras se multiplican por tres y se convierten en sesenta y seis versos en los que el profeta nos lleva a una idea o concepto para mostrar la situación que vivió Israel en ese tiempo.
La letra alef representa para l os judíos el inicio de todo. En su guematría, que es sistema de numerología y exégesis en el que a cada letra del alfabeto hebreo se le asigna un valor numérico específico, la primer letra tiene el valor de uno que sirve a los rabinos para interpretar los pasajes del Antiguo Testamento.
De principio a fin, Jeremías nos detalla los sufrimientos que padecieron los judíos. Lo hace con tal precisión que nos deja impresionados a cada paso porque no se guarda absolutamente nada. No se auto censura, ni tampoco esconde ninguno de los actos que llevaron los crueles babilonios.
Y en los primeros tres versos de la letra alef nos muestra la experiencia directa que vivió Jerusalén personificando a la ciudad como si fuera una persona, la razón de este recurso es que hace más vivida los padecimientos que atravesaron, es decir los vuelve personales.
Para ello utiliza tres figuras retóricas: “el látigo de su enojo”, “me llevó en tinieblas” y “revolvió su mano todo el día”. Si nos damos cuenta, el autor de las Lamentaciones quiere que nosotros comprendamos la clase de dolor que se vivió porque la frase soy el hombre que ha visto la aflicción, en otras versiones se traduce como he probado, he experimentado y he sufrido.
I. Un dolor provocado por el castigo
El látigo de su enojo es la primer figura retórica que encontramos en este verso y podemos entender que se trata del castigo que les infrigió porque el látigo es un instrumento para golpear y lesionar.
El látigo no fue creado o inventado para usarse con suavidad. Su función esencial es para golpear a los animales a fin de que obedezcan. De hecho la palabra látigo en el Antiguo Testamento también se traduce como azote. Los judíos practicaban 40 azotes menos uno, según leemos en Deuteronomio 25: 3.
Los judíos sufrieron mucho porque Dios los castigó enojados ante tanta obstinación y rebeldía de su parte.
II. Un dolor provocado por la separación
El verso dos que meditamos dice de la siguiente forma: Me guio y me llevó en tinieblas, y no en luz.
Los judíos no fueron conducidos a la luz, la figura retórica que usa aquí Jeremías hace el contraste entre las tinieblas y la luz y los hebreos fueron tomados por Dios para llevarlos a la oscuridad y no a la luz porque el Señor se cansó de esperar que amaran la claridad de su luz.
Como ellos no quisieron vivir en luz, entonces, Dios les dejó vivir en oscuridad, pero esa determinación les trajo tanto dolor que deseaban morirse porque las tinieblas no tienen nada de atractivo y cuando se llega allí se descubre que todo fue un engañó que resultó muy costoso.
III. Un dolor provocado por la enemistad
El verso tres de nuestro estudio dice de la siguiente manera: Ciertamente contra mí volvió y revolvió su mano todo el día.
Cuando leemos el libro de Nehemías descubrimos que la reconstrucción de los muros de Jerusalén se debieron a la buena y benéfica mano de Dios que ayudó a quienes retornaron a reedificar la casa del Señor. El libro nos muestra una y otra vez como la mano del Señor ayudó.
Pero Lamentaciones nos muestra la otra forma de manifestarse la mano de Dios. Nos muestra que ella se puede presentar para volverse y resolverse contra la persona no solo un momento sino todo el día, lo que provoca una lamentable y caótica condición desfavorable.
El sufrimiento se multiplica cuando la mano del Señor se vuelve contra nosotros porque no nos da tregua.



