I. Un amor que brota de de un corazón limpio
II. Un amor que brota de una buena conciencia
III. Un amor que brota de una fe no fingida

1ª Timoteo 1: 5

Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida.

Introducción

Pablo envió a su discípulo Timoteo a Éfeso a corregir diversas irregularidades doctrinales que se habían presentado en la iglesia que había fundado en su tercer viaje misionero donde las disputas sobre genealogías y fábulas habían llevado a la congregación a disputas innecesarias y peligrosas porque ponían en riesgo la unidad.

Quien mejor que el apósl Pablo para saber los riesgosas y terrible de las discusiones sobre asuntos que no merecen la atención al interior del pueblo de Dios porque no forman parte del cuerpo doctrinal que las congregaciones deben aprender o deben atender.

Los hermanos de la iglesia de Éfeso estaban perdiendo su tiempo en desacuerdos por asuntos que Pablo llama fábulas, algunos traducen como cuentos o leyendas, es decir temas irrelevantes que les estaban restando tiempo y esfuerzo a asuntos que en realidad sí tenían valor.

Pablo sabía que las disputas, contiendas o descuerdos pueden evolucionar o crecer y convertirse en puntos a los que se llegan y las personas se ofenden y se lastiman de tal manera que la división o separación es inminente y no solo eso la piedad, compasión y misericordia se extravían de sus vidas.

Y por eso les recuerda que el amor es la esencia del cristianismo, es el mandato del Señor y la única vía para la convivencia de los creyentes, pero un tipo de amor especial, no el del mundo sino uno especial.

I. Un amor que brota de de un corazón limpio

Para amar al estilo de Jesús el creyente debe tener un corazón limpio. La palabra corazón procede del vocablo griego “kardia” y en este verso se usa en sentido figurado para señalar el centro de la vida interior: los pensamientos, las emociones, la voluntad, la memoria y las decisiones de la persona.
La palabra limpio que usa Pablo nace de la raíz griega “katharos” que se traduce como puro, sin macha o simplemente algo que no esta sucio. Cuando Pablo habla de un corazón limpio habla de una persona que sus pensamiento, emociones y voluntad no estan contaminados por el mundo.

II. Un amor que brota de una buena conciencia

El amor que debe prevalecer entre los creyentes debe brotar de una buena conciencia. La palabra conciencia procede del griego “suneidesis” que incialmente se define como una percepción conjunta es decir, una valoración personal que alguien hace sobre la moralidad de un asunto.

La conciencia puede ser buena o mala. La mala es aquella que no le reprocha nada a quien incurre en una falta ética o la ignora y de tanto ignorarla llega a cauterizarse, pero la buena es aquella que cumple su función haciendo notar lo que esta bien y lo que está mal y la persona atiende esos reclamos.

Se puede amar con mala conciencia, pero esa clase de amor es pura simulación, el amor nacido de una conciencia buena ama con las motivaciones correctas y con una valoración exacta.

III. Un amor que brota de una fe no fingida

En un mundo lleno de simuladores e hipócritas es fácil pasar como una persona que ama si se engola la voz, si sé es cortés y educado, pero carece de una fe sincera que le haga ver que el amor es una decisión de la voluntad y no un sentimiento o una fachada que se presenta solo en la iglesia.

Pablo se adentra a la vida interior del creyente porque el corazón, la conciencia y la fe subyacen en el interior del hijo de Dios y es imperceptible para las personas que lo rodean, pero no para el Señor. La fe honesta hace que amemos incluso a quienes nos hacen daño.

La Intelgiencia Artificial mal empleada ahonda los discursos de odio. Las imágenes de computadores o dispositivos móviles incitan al odio si no se tiene cuidado, incluso entre creyentes y por eso el amor que debemos profesar debe surgir de lo más interno de nuestro ser. Allí donde solo Dios sabe lo que pasa.

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