La Biblia dice en Salmos 55: 22
Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo.
La palabra carga que aparece en este verso se traduce en algunas versiones como peso, afanes e incluso preocupaciones que en muchas ocasiones se convierten justamente en una carga que hace que no disfrutemos de la vida ya que hacen que nos concentremos exclusivamente en aquello que nos roba la tranquilidad.
Este es un salmo de David que vivió bajo presión y tensión por muchos años perseguido por el rey Saúl que lo convirtió en el peor de sus enemigos por el solo hecho del amor que el pueblo le prodigó luego de la abrumadora derrota de Goliat y en consecuencia de los filisteos.
Antes de convertirse en monarca, David vivió angustiado, desesperado y con ansiedad ante las grandes dificultades que enfrentó a causa del rey de Israel que lo perseguía como si fuera un peligroso criminal, aunque no había hecho ningún mal ni contra la familia real y menos contra la nación judía.
La única salida que tuvo el dulce cantor de Israel como se llama a David fue depositar o descargar todas esas presiones en el Señor. Su recomendación que nos hace a todos es que llevemos todo aquello que nos abruma tanto que nos derrumba pareciendo que ya no podemos avanzar.
Por lo que escribe David nos queda claro que habra ocasiones en las que viviremos este tipo de sensación en la que parece que cargamos un peso que nos sobrepasa, pero podemos echarla, arrojarla, dice una versión al Señor que con gusto nos ayudará para tomarla.
La vida tiene experiencias en que las presiones suben de intensidad: enfermedades, muerte, falta de recursos y un sinfín de situaciones en las que parece que nos arrolla la carga. Podemos, entonces, descargar esas emociones negativas en nuestro buen Dios que no nos dejará siempre en esa condición.




