La Biblia dice en 2ª Samuel 12: 23

Mas ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver? Yo voy a él, mas él no volverá a mí.

David vio morir al hijo que tuvo con Betsabé, a Amnón y también a Absalón. Por todos ellos lloró, pero por el más pequeño de ellos, que fue el que le nación con Betsabé sufrió mucho porque ayunó siete días pensando que Dios podría tener misericordia y salvarlo de una enfermedad que lo postró y finalmente le arrebató la vida. 

Cuando el niño murió sus criados no querían decirle, pero al verlos se percató que su vástago había perecido y entonces se levantó del ayuno y de nuevo probó alimento y cuando le preguntaron de su actitud les contestó lo que el verso que meditamos dice para mostrarnos el significado de la muerte. 

La muerte es separación. Nos aparta para siempre de nuestros seres queridos porque no los volveremos a ver nunca más. Solo los tendremos en nuestros recuerdos ya que nunca más retornarán a nuestro lado. David lo sabía perfectamente por eso dijo que el pequeño hijo que tuvo con Betasabé no retornaría. 

Yo voy a él, afirmó para establecer una sentencia y postulado sobre la vida y la muerte. Todos vamos hacia ese lugar. Un día no estaremos más en este mundo porque la existencia humana es unidirecccional, es decir tiene un único destino, un solo camino que lleva al mismo lugar. 

El mundo de los vivos es este y el mundo de los muertos es otro. No hay posibilidad alguna de cohabitar porque la existencia humana es vitalidad y la muerte es reposo absoluto, sin posibilidad de algún retorno posible. Vamos hacia el mismo lugar que nuestros antepasados. 

David quería que su hijo viviera suplicándole a Dios, pero cuando murió supo que todo esfuerzo por retenerlo había acabado. Por eso con gran tristeza pegunta: ¿podré hacerle volver? Y la respuesta es contundente: No. 

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