La Biblia dice en Eclesiastés 12: 1

Acuérdate de tu Creador ahora que eres joven y que aún no han llegado los tiempos difíciles; ya vendrán años en que digas: No me trae ningún placer vivirlos.

El tiempo es uno de los temas fundamentales del libro de Eclesiastés quien como un maestro experimentado compartió sus observaciones del paso del hombre sobre esta tierra y descubrió relevadores y estremecedores conceptos que nos comparte para que nuestra vida pueda hacer frente a la complejidad que tiene la existencia humana. 

Según leemos en este texto esta vida tiene días buenos y días malos o días difíciles. Por el contexto del verso que meditamos la etapa de la vejez constituye una de esos momentos de dificultad porque las fuerzas se agotan. Los reflejos se pierden y los achaques se acumulan. 

Comenzamos a depender de otros. Ya no vamos a donde quisieramos ir. Ya no comemos lo que nos gustaría comer y quedamos al arbitrio y criterio de otros. La vida independiente que llevamos por mucho tiempo se ha agotado y ahora estamos supeditados al humor de quien nos cuida, si es que lo tenemos. 

Las historias de abuso, los relatos de maltrato a los ancianos se multiplican porque cuando se depende de alguien se está a merced de sus deseos y por esa razón el Eclesiastés pide a sus alumnos que tengan presente ahora que están jóvenes o que tienen fuerza para que le den al Creador el lugar que le corresponde.

Esos días dificiles que llegarán a todos son paliables o soportables cuando disfrutamos nuestra fuerza y vigor. Cuando la encaminamos con la dirección divina nuestra fortaleza será empleda con tal prudencia y sensatez que cuando falte podremos estar satisfechos de haberla aprovechado. 

De lo contrario los días complejos estarán llenos de frustración, enfado y hasta amargura por haber desaprovechado nuestra juventud en planes y proyectos que no tenían ni pies ni cabeza y llegado el final de nuestra jornada nos demos cuenta que solo seguimos un espejismo creados por nuestros insanos deseos. 

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