La Biblia dice en Salmos 115: 1
No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria, por tu misericordia, por tu verdad.
La bendición que Dios le dio al pueblo de Israel los bendijo de tal manera que las naciones del tiempo antiguo quedaban impresionadas por la singularidad de este pueblo que tenía como base de vida el conocimiento de Dios y en consecuencia vivían siempre protegidos y prosperados por Dios.
El riesgo o la posibilidad de pensar que todos los bienes que poseían eran resultado de sus capacidades o de sus talentos era grande porque todos los seres humanos tenemos ese grave problema de llegar a excluir a Dios de nuestras vidas y pensar que lo que tenemos o somos obedece a una esfuerzo personal.
Esa es una de las muchas razones que hay para haberse escrito el verso que meditamos en esta ocasión. El salmista desea vehementemente que quienes repitan este canto recuerden que Dios es el único merecedor de toda la gloria y la honra y nunca un ser humano o alguien diferente al Creador.
El autor de esta pieza le suplica a Dios que los reflectores siempre se dirijan a Dios y nunca al ser humano. Que la gloria sea completa para el Señor por dos razones fundamentales que hacen posible que una bendición llegue a la vida de los creyentes: la misericordia y la verdad.
Es gracias a estos dos atributos del Señor que es posible que la vida de las personas sean bendecidas. Su misericordia o amor incondicional es lo que permite que bienes materiales y espirituales lleguen a la vida de las personas. Jesús dijo que Dios hace llover sobre justos e injustos y hace que su sol salga sobre buenos y malos.
Pero también nos proporciona su verdad que es luz para vivir en este mundo plagado de mentiras y su verdad contenida en su palabra resplandece para no equivocarnos y vivir engañados. Se trata de uno de los más grandes bienes que podemos tener porque la verdad nos libera.
Siendo, entonces, que todo lo hace Dios, como podemos pensar que podemos arrebatarle la gloria si solo a él le pertenece porque nosotros no tenemos nada con que compensar su infinita bondad para con nosotros.




