La Biblia dice en Proverbios 30: 8

Mántenme del pan necesario.

Una paráfrasis de esta petición hecha por el proverbista a Dios sería: sustentamente exclusivamente con el pan que en realidad necesito. Jesús lo planteó de manera más sencilla: danos el pan nuestro de cada día, que representa una filosofía de vida para evitar los grandes males que acechan al hombre como el afán, la ansiedad y la codicia.

El pan necesario proviene de la frase hebrea “lejem juki” que sintetiza el anhelo del ser humano por encontrar el equilibrio entre su trabajo y su provisión diaria para subsistir en este mundo, sin caer en la desesperación o convertir su trabajo en un dios implacable que le lleve a acumular y acumular, como si en ello se le fuera la vida. 

Es el justo medio entre riqueza y pobreza. Es sí, la renuncia a vivir para trabajar y optar por trabajar para vivir, teniendo siempre como referente que la dignidad evita la pobreza porque es degradante, pero que el trabajo tampoco puede convertirse en el fin de nuestra existencia. 

Mántenme del pan necesario es una súplica que se le hace a Dios para que intervenga en nuestras vidas y nos permita mantenernos en los márgenes de su voluntad, para que no tengamos que robar al no tener para comer o que al tener más del pan necesario nos llenemos de orgullo y arrogancia. 

La porción de pan que necesitamos es una filosofía de vida porque nos ayuda a comprender que lo único que tenemos seguro en esta vida es el día de hoy que tenemos vida. El futuro no es nuestro. Lo proyectamos, pero no estamos seguros de alcanzarlo, es en realidad una ilusión.

La ración de pan que necesitamos día a día es poco en realidad y teniéndolo estemos contentos y felices con ello. Vivir al día aligera dramáticamente nuestras cargas emocionales. Jesús dijo que a cada día le bastaba su propio afán como una manera de enseñarnos a confiar en su provisión. 

El pan necesario equilibra nuestra existencia cotidiana. Nos permite confiar en Dios y descansar en su cuidado y su provisión, aceptando que como la aves del cielo no siembran, ni cosechan, ni guardan en graneros y Dios las alimenta.

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