Una prosperidad que daña
I. Porque su fin es egoísta
II. Porque su fin es idolátra

Oseas 10: 1

Israel es una frondosa viña, que da abundante fruto para sí mismo; conforme a la abundancia de su fruto multiplicó también los altares, conforme a la bondad de su tierra aumentaron sus ídolos.

Introducción

La historia que relata el profeta Oseas en el libro que lleva su nombre es sumamente lamentable porque narra la infidelidad del pueblo de Israel para con el Señor, usando el ejemplo del propio vidente con Dios quien se casa con una meretriz y tiene hijos con ella y lo abandona para seguir a sus amantes.

El relato es una parábola extremadamente cruda y altamente aleccionadora sobre la conducta rebelde de la nación hebrea en tiempos de ese vidente de Dios que aceptó convertirse o convertir su vida en un ejemplo para demostrar lo terrible que constituye dejar a Dios por ídolos.

La narración nos deja en claro que la desviación que experimentaron los judíos tuvo una causa. No fue espontánea ni accidental. Los judíos se rebelaron cuando comenzaron a tener riquezas. Los bienes materiales los prostituyeron porque pensaron equivocadamente que eran para siempre.

El texto que nos sirve para meditar en esta tarde nos deja en claro que la prosperidad material no siempre engendra creyentes agradecidos o hijos de Dios comprometidos con su fe, sino más bien de pronto lo que provoca o produce son personas que piensan que todo lo deben a ellos mismos.

Dios lo estableció en la tierra prometida: una tierra que bendijo para que les produjera toda clase de cultivos para su propio consumo, pero también para comercializar, pero ellos pensaron y creyeron que sus riquezas eran porque trabajan con mucho esfuerzo y empeño.

I. Porque su fin es egoísta

Israel es comparada con una viña, los viñedos producen uvas y de las uvas se extrae el vino, una bebida que siempre se ha cotizado a precios no muy bajos y que quien la planta y la cuida generalmente obtiene grandes ganancias. Un viñedo casi siempre es sinónimo de prosperidad.
El pueblo de Israel fue comparado por el profeta Oseas como un viñedo para mostrar que eran prosperos, con recursos económicos y bienes materiales. Indudablemente la bendición del Señor había caído sobre su pueblo y prosperaban de una manera creciente y abundante.

Pero tuvieron un problema cuando esas riquezas las utilizaron solo para ellos. Se volvieron ricos egoístas que olvidaron que todo lo que tenían era producto de la bendición divina y entonces comenzaron a retener las riquezas en lugar de compartirlas con el Señor o ponerlas a su servicio.

De pronto se olvidaron del pobre, el extranjero y la viuda, como mandata la ley mosaica y se dedicaron a emplear sus recursos en sí mismos o en actividades que lejos de honrar a Dios, lo ofendían. Queda claro que las riquezas en manos de las personas sin temor divino resultan trágicas.

II. Porque su fin es idólatra

La frase de Oseas sobre el resultado de enriquecerse sin propósito divino: conforme a la abundancia de su fruto multiplicó también los altares, conforme a la bondad de su tierra aumentaron sus ídolos.

Los bienes que llegaron a la vida de los judíos del tiempo del profeta fueron utilizados para adorar dioses ajenos, el dinero que llegó en abundancia a sus manos fue empleado para adorar ídolos en una franca y temeraria actitud rebelde y obstinada de los hebreos.

La abundacia y el aumento de sus ganancias solo sirvió para multiplicaran sus altares y aumentaran sus ídolos en todo Israel en una actitud ingrata porque la tierra y los productos que obtenían de ella eran el resultado de la bendición que Dios había traído a sus vidas.

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