La Biblia dice en Job 19: 25
Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo.
El libro de Job es un volumen de la Biblia de lectura indispensable por lo menos una vez cada seis meses porque nos ofrece la perspectiva divina del sufrimiento, la experiencia más traumática que los seres humanos pueden atravesar durante su paso por este mundo.
Temas como el bien y el mal son desarrollados en la historia de este hombre que siendo justo, apartado del mal y recto sufrió la pérdida de sus bienes materiales, de sus hijos y también de su salud habiendo conducido su vida de manera intachable y padeciendo como si fuera un malvado.
Sus tres amigos que lo visitaron trataron de explicar desde su humana perspectiva la situación que vivía. Todos ellos fallaron en su diagnóstico porque usaron los argumentos que se conocían en esos días: Job sufría porque había pecado, Job sufría porque era malvado, Job cosechaba lo que había sembrado. Pero estaban errados.
A pesar de escuchar esta clase de afirmaciones el patriarca Job se mantuvo firme en su fe y sobre todo en su convicción de que todo lo que hace Dios es correcto, que nada escapa de su conocimiento y que no porque no atienda nuestras suplicas en medio del dolor deja de ser Dios.
Para Job Dios vivía, que para muchos podría ser una verdad de perogrullo o una verdad demasiado evidente, pero para quien lo había perdido todo y parecía en el umbral de la muerte esas palabras constituyen un ejemplo formidable de perseverancia y confianza en el Creador.
Las palabras de este santo varón nos han puesto el nivel de certidumbre que necesitamos justo cuando las circunstancias son tan, pero tan, adversas que parece que todo ha terminado y que Dios ha cerrado sus oídos a nuestros ruegos y peticiones ante la tribulación que padecemos.
Pero la realidad es que Dios nunca deja de estar presente. Parece callado, pero sabe perfectamente no solo que está sucediendo, sino también lo que estamos pasando cuando el dolor se nos planta de frente sin conmiseración ni ninguna clase de consideración como si fueramos unos malvados.
Pero nuestro Dios vive, no está muerto.





