La Biblia dice en Jueces 3: 2
Solamente para que el linaje de los hijos de Israel conociese la guerra, para que la enseñasen a los que antes no la habían conocido.
El libro de los Jueces es un título de la Biblia que nos habla de los acontecimientos una vez que habían desaparecido tanto Moisés como Josué, y los hebreos debían aplicarse para conquistar la tierra prometida que Dios le había entregado de antemano, pero la cual debían de poseer expulsando pueblos paganos que la poblaban.
El texto sagrado nos indica que aunque la orden era contundente: debían sacar a todos los pueblos, Dios determinó que algunos de esas naciones no serían expulsadas totalmente por Josué y quedarían para dos propósitos fundamentales, el primero para probar el corazón de los judíos a fin de que no siguieran sus costumbres.
Y la segunda razón nos la da el texto que meditamos. Dios dejó a propósito a algunos pueblos para que la tercera generación de hebreos que llegaron de Egipto a Canaán conocieran la guerra, para que aprendieran a pelear contra sus adversarios, dicen otras versiones.
La idea que tenía Dios es que los hijos de los hijos de quienes salieron de la esclavitud de Egipto debían aprender a luchar, es decir, tenían que participar de lo que sus antepasados vivieron a fin de valorar y sobre todo aprender a confiar en el Señor ante las dificultades.
La lección que nos deja este verso es sumamente grande porque nos muestra que Dios no quiere hijos que se acostumbre a solo ver que sus padres hagan todo. El Señor desea fervientemente que cada persona entienda y comprenda la naturaleza de la existencia humana.
La vida demanda, exige: luchar, pelear, batallar. Las adversidades son necesarias para la vida cristiana porque solo así se aprende a confiar en Dios. Los padres a veces movidos por el amor a nuestros hijos evitamos que sufran o que padezcan, pero en ocasiones los hijos deben experimentar situaciones que los lleven al Señor.
Dios hace exactamente lo mismo con cada uno de nosotros. En muchas ocasiones llegan a nuestra vida situaciones que tiene como único objetivo robustecer nuestra fe, enseñarnos a mirar al cielo y sobre todo a depender de la gracia infinita de Dios que nunca falla.





