Porfirio Flores

Las elecciones intermedias en Estados Unidos, que sirvieron para renovar la Cámara de Representantes y el Senado, así como 36 gubernaturas han provocado, en cascada, una serie de resultados que han dejado sorprendidos a muchos y con lecciones muy interesantes para analizar el comportamiento del electorado evangélico. 

Tradicionalmente en EEUU el Partido Republicano desde hace varias décadas se ha asumido como la filiación política que resguarda los valores cristianos del pueblo estodounidense. En las elecciones del 2024 cuando ganó Donald Trump fue convocado para salir a las urnas a defender ese legado. Y lo defendieron.

Para las elecciones del primer martes de noviembre de 2026 se pensó que ocurriría lo mismo, que los cristianos nacidos de nuevo volverían a atiborrar las casillas para que los candidatos del presidente Trump ganaran, y así conservar el poder legislativo norteamericano y ganar el mayor número de gubernaturas. Pero lo que se esperaba no sucedió. 

Perdieron la Cámara de Representantes, el Senado y más de la mitad de gubernaturas en juego, como la de Kansas donde luego de varias décadas de hegemonía republicana fueron derrotados por los demócratas.

Lo que también ocurrió fue la derrota en bastiones históricos como en Mississipi donde Scott Colom está muy cerca de convertirse en el primer senador afroamericano elegido en Mississippi desde 1875. Y el primer demócrata desde 1982. Doscientos años de senadores blancos parece haber llegado a su fin. 

Ni qué decir de California y Texas, por citar unos cuantos estados, donde la marea azul de los demócratas fue avasalladora que algunos dice que no fue una ola sino un tsunami que barrió por completo a los candidatos del Partido Republicano que fue rechazado. 

En estos dos estados ganaron candidatos cuyos padres son mexicanos. En Texas el escaño por el Senado lo ganó James Talarico, seminarista presbiteriano que derrotó a los republicanos luego de un dominio de casi cuarenta años en la elección al senado.

Ahora, por ejemplo, el legislador demócrata Jared Polis se convirtió en el primer hombre abiertamente homosexual en ganar una gubernatura en Estados Unidos, al derrotar al republicano Walker Stapleton en la carrera por el cargo en Colorado.

La administración del president Donald Trump fue castigada severamente de tal manera que los republicanos parecen haber extraviado a un importante número de electores de su base social que se movieron hacia los demócratas con todo y que su agenda no refleja precisamente los valores cristianos. 

Tres parecen ser los grandes temas en contra del Partido Republicano: el primero el alto costo de la vida con el incremento del precio del disel y la gasolina. El segundo la guerra en Irán que nunca se entendió bien su razón y su fin y en tercer lugar el despiadado e inhumano trato a los migrantes. 

Este último punto se revela en la salida a votar de millones de jóvenes tradicionalmente alejados del tema político para defender a sus padres muchos de ellos indocumentodos perseguidos por el ICE.

Queda claro que para mover el voto evangélico no solo se necesita estridencia, llevar a pastores a orar a la Sala Oval o asumirse como el defensor de la fe cristiana; lo que es indispensable es gobernar con cordura, para todos, anteponiendo el interés de la nación y sobre todo con un rostro humano que vea siempre por los más necesitados. 

Con los comicios del martes cuatro de noviembre del 2026 nos ha quedado claro que el voto de los evangélicos en EEUU no es cautivo y que pesa en demasía los resultados en materia económica. El mensaje parece ser claro, no importa quien gobierne, siempre que lo haga con cuidado de la economía de todos. 

También que asumirse con el presidente de cierta filiación religiosa no es suficiente si los frutos de ese supuesto compromiso no se traduce en un gobierno ocupado y preocupado en los sectores marginados. Al parecer lo que se vio en el gobierno de Trump fue una plutocracia. 

El resultado de las elecciones también nos muestran que el Partido Republicano abdicó en su responsabilidad de mesurar a su presidente y también en la dimisión de los pastores para salir a decir que Trump no reflejaba fielmente los valores que enarbola la caridad cristiana. Se necesitaron profetas como Juan el Bautista. 

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